El dueño de la diversión (Amplio registro del bosque de la risa)
Años retrocedidos
Un comerciante fue a putañear. Le preguntó a la joven1 prostituta cuántos años tenía. La prostituta dijo: “Dieciocho”. Pasaron varios años. El comerciante perdió capital en los negocios, pero acudió de nuevo a la casa de citas. La prostituta lo había olvidado. Él le preguntó su edad. Ella dijo: “Diecisiete”. Volvieron a pasar algunos años y él retornó a la casa de citas. De nuevo le preguntó la edad a la prostituta. Ella dijo: “Dieciséis”. De pronto, el comerciante rompió a llorar sin detenerse. La prostituta le preguntó la razón. Él dijo: “Tu edad retrocedió igual que mi capital. Gradualmente se fue contrayendo. Al pensar que llegué a esto, no puedo no sentirme triste”.
Literalmente “joven primavera”.
El padre, una vez más
A un hombre le gustaba divertirse en el burdel. Su padre le reprendió y le dijo: “¡Animal inútil! Yo he ido diez veces a la casa de las putas y te he visto nueve”. El hijo dijo: “En ese caso, usted ha estado una vez más que yo, ¿por el contrario me insulta a mí?”.
Deseo de matar
La esposa y la concubina de un hombre estaban peleando. El esposo, en realidad, amaba a la concubina. Por lo tanto, la reprendió a grandes voces: “¡Más vale matarte! ¡Me ahorraría estas revueltas!”. La concubina corrió hasta su habitación. El esposo agarró un cuchillo y le dio alcance en la habitación. La esposa creyó que él iba a matar a la concubina, le siguió y fue a mirar. Los vio a los dos copulando.1 Muy enojada, la esposa dijo: “¡Si esta es la manera de matarla, más vale que primero me mate a mí!”.
Literalmente “nube y lluvia”. Eufemismo para indicar relación sexual. La expresión “nube y lluvia” proviene de un poema del poeta Song Yu del “Periodo de los Estados Combatientes” (475-221 a.C.).
No digas que soy yo
Marido y mujer estaban en pleno contacto sexual;1 de pronto, la madre del esposo entró bruscamente a la habitación. El marido, apresurado y aturdido, se escondió y exhortó a la esposa: “Si mi madre pregunta, de ninguna manera2 le digas que soy yo”.
Literalmente “asuntos de dormitorio”.
Literalmente “diez millones”.
Dos yernos
Una mujer escogió unirse en matrimonio. Oportunamente, dos hombres, al mismo tiempo, hicieron la solicitud. El hombre de la casa del este era feo, pero rico; el de la casa del oeste, hermoso pero pobre. Los padres de la mujer le preguntaron a quién deseaba seleccionar. La mujer dijo: “A los dos”. Le preguntaron la razón. Ella respondió: “Me gustaría comer en la casa del este y dormir en la del oeste”.
El vecino mira
Una mujer le informó a su esposo: “Frecuentemente el vecino tal me mira”. El esposo dijo: “¿Tú le prestas atención a lo que él hace?”. La mujer dijo: “Yo te lo digo hoy, pero tú no me haces caso. La próxima vez que él me vea, entonces ese asunto mío no te concernirá”.
Ocultar los años
Un hombre se casó con una mujer vieja. Cuando estaban sentados en la cama, él vio que ella tenía muchas arrugas. Por eso, le preguntó: “¿Qué edad tienes tú?”. La mujer dijo: “Cuarenta y cinco o seis”. El esposo dijo: “En el certificado de matrimonio está escrita la edad de treinta y ocho. Según yo veo tú tienes más de cuarenta y cinco o seis. Puedes decirme la realidad a mí”. La mujer dijo: “En realidad tengo cincuenta y cuatro años”. El esposo nuevamente le inquirió tres veces acerca de la edad. Sólo obtuvo las palabras precedentes. Después de acostarse, él estaba más receloso y entonces ideó un hábil ardid. Dijo: “Debo levantarme a tapar el gran y panzudo cántaro de sal, de otro modo, se la comerán las ratas”. La mujer dijo: “¡Qué risible! Yo he vivido sesenta y ocho años y no he escuchado decir que las ratas puedan robar sal para comerla”.
Drogas para seducir a las mujeres
Un alquimista vendía especialmente drogas para seducir a las mujeres. Las mujeres las aplicaban a sus cuerpos y por sí mismas iban a acoplarse con algún hombre. Un día, un joven libertino, vino a comprar droga. Justamente el alquimista había salido. Su esposa tomó la droga y se la entregó al libertino. El joven arrojó la droga sobre el cuerpo de ella y siguió a la mujer hasta el dormitorio. La mujer copuló con él. El alquimista regresó. Su esposa le informó acerca del asunto. El alquimista, enojado, dijo: “¿Quién te instruyó a que tú fueras con él?”. La esposa dijo: “Si yo no le obedecía, parecería que tu droga no era eficaz”.
Esponsales1
Un hombre acudió al retrete. En el retrete de al lado primero estaba una mujer, quien accidentalmente había perdido el papel para limpiarse. Por esto, ella dijo: “Si usted sabe obrar de manera conveniente en una urgente situación,2 déme papel y seré su esposa”. El hombre al escucharla, le dio su propio papel a través de una ranura de la pared. La mujer se limpió y de inmediato se fue. El hombre, dio un suspiro, y dijo: “El matrimonio, aunque se decidió de repente, este culo tiene una deuda. ¿Cómo me limpio yo?”.
El nombre de este chiste utiliza la expresión “dingqi”, la cual significa “esponsales contraídos generalmente por la decisión de los padres”.
“Saber obrar de manera conveniente en una urgente situación”, se expresa en chino sólo con dos palabras: “zhiqu”.
Ser olvidadizo
Un hombre portando un cuchillo se dirigió a la huerta para cortar bambúes. De repente, su vientre tuvo una urgencia. Colocó el cuchillo en el suelo y comenzó a defecar en medio de la huerta. De pronto, levantó la cabeza y dijo: “En mi casa desean usar bambúes. Aquí hay muchos buenos bambúes, pero no traje cuchillo”. Al terminar de evacuar, vio un cuchillo en el suelo y, alegre, dijo: “El cielo sigue el deseo del hombre. No sé quién olvidó este cuchillo aquí”. Convenientemente seleccionó los bambúes que quería cortar y entonces vio los excrementos que alguien había dejado. Insultó: “¿Quién, en el día del perro, expelió esta materia purulenta? Casi mis pies tropiezan con ella”. Un momento después llegó a su casa. Iba y volvía frente a la puerta. Preguntó: “¿Aquí quién vive?”. La esposa justo le vio, supo que de nuevo lo había olvidado y le insultó. Desalentado, el hombre dijo: “Esta señora tiene una cara algo conocida. Antes no le he ofendido, ¿por qué abrió la boca para insultarme?”.
El eslabón clave del esposo recto
Había un grupo de hombres que les temían a sus esposas y cada uno había sufrido crueles maltratos por parte de ellas. Se unieron diez a beber y a hacer un juramento de sangre para apoyarse mutuamente. Mientras le daban gracias a los dioses y tomaban licor, no imaginaron que un grupo de esposas les escuchó. Ellas al mismo tiempo golpearon a los juramentados. Nueve hombres huyeron aterrorizados; sólo uno permaneció apropiadamente sentado, sin moverse. Todos los hombres manifestaron su admiración y dijeron: “¡Qué ser! Tenemos que permitirle que sea nuestro hermano mayor”. Poco después, las mujeres se dispersaron. Ellos vinieron a mirar con detenimiento y se sorprendieron al descubrir que el hombre sentado estaba muerto.
Sueño adúltero
Una mujer adúltera escuchó que su esposo había regresado. Ella deseó que su amante huyera a escondidas. La mujer le ordenó a su amante que se acostara tranquilo en la cama. El esposo llegó y preguntó: “¿Quién está en la cama?”. La esposa respondió: “De prisa, no hagas ruido. El vecino de al lado, el tío1 Wang, fue golpeado por su esposa, salió y se ocultó aquí”. El esposo, riéndose, dijo: “¡Esa vieja tortuga!2 ¿Vale la pena temerle así a la esposa?”.
Tratamiento cortés para con un hombre de mayor edad.
La palabra “tortuga” se usa en China para designar a un hombre cornudo. También se usa como insulto.
El gusano del diente
Un hombre padecía de dolor de diente. No había manera de curarlo. El médico le dijo: “Adentro hay un gran gusano, semejante al gusano de seda. Es necesario arrancar a este gusano y convenientemente partirle la raíz”. El hombre preguntó: “¿Por qué es tan grande?”. El médico dijo: “Desde pequeño creció dentro del diente delantero1 y pudo mucho hacer daño”.
Hay un juego de palabras entre los homófonos “yamen” (diente delantero) y “yamen” (sede oficial de los funcionarios durante la China feudal). Se trata de una crítica velada a esa institución gubernamental que en la época de la dinastía Qing estaba completamente corrompida.