sacudió su cabeza
y la roja cabellera
flotó un instante
en el aire
rojos cabellos
verdaderos
ágilmente
giró
su cuerpo
y preguntó:
“¿tengo
la cola firme?”
¡ah
mujeres
cuánta comedia!
siempre
hallarás
una mujer
para salvarte
de otra mujer
y
cuando creas
que la salvación
está a tu alcance
podrás observar
cómo se preparan
para destruirte
“algunas veces te odio”
dijo muy suelta de cuerpo
se sentó en la galería
leyendo los poemas de Catulo
permaneció una hora ahí
con mi libro en sus manos
hombres y mujeres
pasaban frente a mi casa
preguntándose
de dónde un viejo feo
hallaba tanta belleza
esa pregunta
tampoco la puedo contestar
yo
luego
entró
en la casa
cuando se acercó a mi sillón
la agarré del brazo
y la senté sobre mis muslos
tensos
levantando mi copa
le dije:
“tomá
un trago”
“otra vez vino con güiski
espero que no te pongas pesado
con estas mezclas que hacés”
“decíme la verdad
¿te teñís el pelo?”
le pregunté
“cerrá los ojos
no mires”
“ahora abrílos”
dijo suavemente
estaba parada
delante de mí
los pantalones en el piso
la bombacha en la mano
y lo juro
su vello púbico
era del mismo color
que su cabello
ni el viejo Catulo
podría haber deseado
tanta
y maravillosa belleza
antes
de volverse senil
por muchachos tiernos
que no poseen
la necesaria locura
para transformarse en mujeres