2 de noviembre – 2 de febrero
Estoy muerto
no hay como escribir que estoy muerto
único habitante en el silencio de estos páramos
fardo inane entre el devenir y las cosas
sordo_mudo
en esta espera
hay una isla hacia la cual navega el barco
hay salitre pegado a mi boca
hay caries
creciendo en mis dientes
moho entre mis dedos
sabor a madera por todo el cuerpo
azucenas
que brotaron por las órbitas
ojos de corcho
nariz ya mineral
pecho ametrallado por estrellas
palabras resecas pegadas a la garganta
un banco de memoria atascado
en este bote
como un barco un meteoro
hay una isla
posada en el altiplano en compás incandescente
polo claroscuro contra el cielo del crepúsculo
fluctuante peñasco
que navega hacia un cuerpo
por cuyo dorso resbala hecha sudor la parafina
de mil velas encendidas que a mí llegaron antes
escritura de luz
que me considera intermitente
abandonada por mil manos en la costa de esta isla
que revive cada año
y hay una iglesia y un cementerio
gente de cristal que atraca en el varadero
con más velas en las manos
comida y alcohol en el fardo
de cristal son los hombres
torres y cruces de cristal
en este cementerio más real que los visitantes
por la luz que a la cima van llevando atravesados
de un inmenso ahora refulgentes emisarios
para el vientre de la noche
que no se deja visitar
De las márgenes de este lago
oscuro espejo del espacio
vienen los barcos cargados de ofrendas
colores
ritmados por remos barredores de galaxias
espirales en el agua reflejadas
de donde parto
hacia el inicio de un sueño vacío como un pájaro
que en su vuelo se siente como el aire inconsistente
plumaje de relevos
que desafían a la noche y a la muerte
radical y pleno vuelo
protegido por los muertos
que en mi piel y mis huesos sus labios pegan y ordenan
deriva y ascensión por sobre el continente
viaje
de invento y buena voluntad
y veo la isla que es sólo brújula
como un iceberg apartándose de mí en la noche inmensa
y las ciudades y los volcanes son un vitral iluminado
que sobrevuelo abandonando partes de mi cuerpo
anábasis del silencio y aurora del presente
Caen los restos de mi carne putrefacta
la meta es soñar libre de la vida y de la muerte
aquello que veo inventarse a mi paso
ruinas que la oscuridad habita de ruidos
desdoblando ruinas anteriores a las ruinas
y oigo voces que se repiten detrás de otras voces
a mi paso el espacio es una sonora caja abierta
donde repiten generaciones que entre sí se confunden
habitantes del vacío siempre con los mismos gestos
Ve al plancton dibujar de istmo a los límites
iluminando como fósforo los dos océanos
penetro en regiones donde resbalo altas montañas
que se transparentan en cuanto se deslizan como olas
entre nieve y floresta caen mis huesos uno a uno
pulverizados ya sobre lechos y aldeas
uno a uno se desprenden los dientes de mi mandíbula
transformados en tubérculos de la noche en tierra escarpada
verdes mamelones de la paz
estoy libre de mí
y mi cráneo se hunde en el lecho de un río caudaloso
se hunde en silencio para que yo oiga sólo mi sien
La línea del ecuador por un instante milimétrica
simetría me presta y veo a la tierra como un fruto
cuyos sabores gustan sus ácidos contrastes
en lo recóndito de la tumba
me derivo en partículas
no soy más que humus y deseo en formación
y a la lluvia espero
los peces hacen de mi vuelta
piedra de molinos y sus volutas me definen
deslizándome a través de siglos de nada
y soy lo que era antes y otro más que nunca fui
por renacer del mismo ombligo y de nuevo experimentar
el continente que de mi piel afelpada
se irradia como un símbolo en respiración
constante
sigue alto el vuelo y en el horizonte veo luces
en medio de otra noche que me lleva a la misma aurora
ya nuevo en mi mismo viejo cuerpo
abajo un pájaro
me recibe vestido de ciudad y el mar me señala
con su pico reluciente
y cruzo el espacio sobre sierras
y las ciudades gemelas del príncipe del viaje
Es de mañana y aterrizo entre gentes iguales a mí
que al mar vinieron a agradecer de la vida a la espuma
en la arena enterramos velas blancas por millares
Cantamos a Yemanyá
Yé-Yé
que va a salir
del medio del mar
contra mi pecho mueren las olas
todo mi cuerpo vibra
pleno soy por un momento
vestimos de blanco
a los barcos despachamos al unísono
cargados de vidrios y flores y perfumes
somos uno
dejamos que el mar nos bautice con su sal
el agua me disuelve y el ahora donde preparo mi regreso
a la estación de Pátzcuaro desde la estación de Guaruja
late el pulso del continente en esta vía circular
No hay nada como escribir que estoy vivo
estoy vivo.
Ciudad de México, 1984/New Haven, 1986.
Satori, 1988, pp 94-98
Horácio Costa (Sao Paulo, 1954) es un poeta, traductor y ensayista brasileño. Fue profesor de la Universidad Autónoma de México (Unam) y actualmente lo es de la Universidade de São Paulo. Ha publicado los poemarios 28 Poemas / 6 contos (1981), Satori (1989), O Livro dos Fracta (1990), The Very Short Stories (1991), O Menino e o Travesseiro (1998) y Quadragésimo (1999), así como el libro de ensayos Mar abierto (1999). Esta traducción de su poema “2 de noviembre – 2 de febrero”, es parte de la que realizara el escritor colombiano Antonio María Flórez del libro Satori, en 1989, y sería presentada a Costa en 1995 durante un acto en la Casa de México en Madrid. Es la primera vez que este poema es presentado en español.