Envidia. Nosotros descubrimos que el rojo milano, cuando ve que sus pequeños en el nido han engordado demasiado, por envidia les picotea y les mantiene sin alimento.
Alegría. La alegría es característica del gallo, desde que se deleita con cada cosa y canta y retoza de todas las maneras.
Tristeza. La tristeza está en el recuerdo del cuervo. Cuando ve que sus hijos recién nacidos son blancos, se acongoja y con gran pena les abandona y no los alimenta hasta que ve que ellos tienen algunas plumas negras.
Paz. Nosotros descubrimos que el castor, cuando está siendo cazado, sabe que es deseado por motivo de la valiosa medicina de sus testículos y, por eso, cuando no puede escapar por más tiempo, se detiene y, para que los cazadores lo dejen en paz, muerde sus testículos con sus afilados dientes y los cede a sus enemigos.
Cólera. Ellos dicen que cuando un oso va a una colmena a tomar la miel, las abejas comienzan a picarlo para que abandone la miel; así toman represalia. Entonces, desde que él desea vengarse de todos aquellos que lo pican, él no obtiene su desquite y su cólera muda en furia y se arroja sobre el terreno y bate sus garras y patas en rededor, tratando en vano de defenderse.
Gratitud. Ellos dicen que la virtud de la gratitud es vista mejor en aquellos pájaros que son llamados urracas. Sabedores de los beneficios de la vida y la nutrición que ellos han recibido de sus madres y padres, cuando ven que éstos han envejecido, construyen nidos para ellos y les cuidan y les alimentan y con sus picos les arrancan sus plumas viejas y feas y con ciertas hierbas restauran su apariencia y su bienestar.
Crueldad. El basilisco es tan cruel que, cuando no puede matar a los animales con su venenosa mirada, se vuelve hacia las hierbas y plantas y mirándolas fijamente las seca.
Generosidad. Ellos dicen que el águila no está nunca tan hambrienta y que no deja parte de su presa a aquellas aves que están a su alrededor y ellas, debido a que no son capaces de alimentarse por sí mismas, deben adular al águila para comer.
Una lección. Cuando un lobo se mueve cautelosamente alrededor de un edificio lleno de ganado y por accidente comete el desliz de hacer gran ruido, él muerde su pata para enseñarse a sí mismo cómo evitar tal error.
Locura. Desde que el toro salvaje aborrece el color rojo, los cazadores cubren un tronco de árbol de rojo y el toro salvaje corre hacia él y con el ímpetu sus cuernos se clavan en el árbol y los cazadores lo matan.
Verdad. Aunque las perdices se roban unas a otras los huevos, los hijos nacidos de esos huevos siempre retornan hasta su verdadera madre.
Fidelidad o lealtad. Las grullas son fieles y leales a su rey hasta que se hace de noche. Cuando él está dormido, algunas van a la pradera a atisbar en la distancia, mientras las otras permanecen cerca de él y cada una de ellas coloca una piedra en sus patas, de suerte que si ellas se quedan dormidas, las piedras caen y hacen tal ruido que todas ellas pueden despertarse y hay otras que duermen junto al rey y lo hacen cada noche, por turnos, para que ellas no pierdan a su rey.
Duplicidad. El zorro cuando ve una bandada de urracas o grajos o pájaros similares, en seguida se arroja sobre el terreno a su manera, con la boca abierta, como si estuviese muerto y los pájaros tratan de picar su lengua y el zorro los atrapa por las cabezas.
Fortaleza. El león nunca teme, pero combate osada y fieramente contra una multitud de cazadores, siempre esforzándose en atacar al primero que lo ataque a él.
Magnanimidad. El halcón solamente hace presa de pájaros grandes y él pronto moriría si se alimentase de pequeños pájaros o hediondo alimento.
Vanagloria. Nosotros descubrimos que el pavo real está más sujeto a su vicio que cualquier otra criatura, porque siempre contempla la belleza de su propia cola, la despliega en forma de rueda y con su grito atrae la atención de las otras criaturas a su alrededor. Y éste es el último vicio por vencer.
Constancia. El fénix se sostiene por la constancia. Cuando él desea estar renovado, de acuerdo con su naturaleza, es constante en su resistencia a las quemantes llamas, las cuales le consumen y entonces, él renace una vez más.
Inconstancia. El vencejo se sostiene por la inconstancia. Él siempre está en movimiento, sin experimentar la más leve disconformidad.
Temperancia. El camello es la más lujuriosa criatura que existe y él viajaría miles de millas tras una hembra de la especie y sin embargo, cuando él está continuamente con su madre o hermanas, nunca las toca porque él es morigerado.
Intemperancia. El unicornio, a través de su intemperancia e incapacidad se controla a sí mismo y debido al gusto que él posee por las vírgenes, olvida su ferocidad y salvajismo. Él deja de lado toda sospecha y va hacia la virgen sentada y cae dormido en su regazo y así los cazadores son capaces de capturarlo.
Humildad. El mejor ejemplo de humildad es el cordero. Él se somete a todas las otras criaturas y cuando es dado como alimento a los leones en una jaula, él se subordina a ellos como a su propia madre. De esta suerte, él frecuentemente observa que los leones no desean matarlo.
Orgullo. El halcón, debido a su arrogancia y orgullo, desea señorear y ser el mejor de todas las aves de presa y desea poder ser él mismo el único. Él frecuentemente es visto atacando al águila, el rey de las aves.
Abstinencia. El asno salvaje, cuando se dirige a una fuente a beber y encuentra el agua pantanosa, nunca está sediento para no abstenerse de beber o aguarda hasta que el agua esté clara.
Glotonería. El buitre está tan sujeto a la glotonería que él viaja miles de millas para comer carroña y sigue a los ejércitos.
Castidad. La tórtola nunca engaña a su compañero y si uno de ellos muere, el otro observa perpetua castidad y jamás descansa sobre una verde rama y nunca bebe agua pura.
Moderación. El armiño o comadreja, en su moderación, come solamente una vez al día y pronto permite que lo capturen los cazadores que se refugian en un sucio escondrijo. Esto es para no manchar su nobleza.
El águila. El águila, cuando está vieja, vuela tan alto que chamusca sus plumas y la Naturaleza le permite renovar su juventud al hacerle caer una pequeña lluvia y si su juventud no puede resistir la mirada del sol, no se alimenta de ella. No hay ave que no desee morir al aproximarse a su nido. Todas las criaturas le temen grandemente, pero él no las daña. Siempre les deja los remanentes de sus presas.
El pelícano. Esta criatura tiene un gran amor por sus hijos y cuando les encuentra muertos en el nido por la mordida de una serpiente, reacciona penetrando su propio pecho y les baña con lluvia de sangre, devolviéndolos a la vida.
La salamandra. Las extremidades de la salamandra no son sensitivas y a ella no le gustan los alimentos, sino el fuego y frecuentemente renuevan su piel en el fuego.
El camaleón. Esta criatura vive en el aire. Pero en el aire está dispuesta a atacar a las aves. Para estar segura vuela sobre las nubes y allí encuentra que el aire es tan tenue que no puede sostener a ningún ave que pueda seguirla. Nadie llega a esta altura, donde el camaleón vuela, al menos que el cielo lo permita.
El cisne. Esta criatura es blanco puro, sin ninguna mancha y canta dulcemente como si muriera y con esa canción finaliza su vida.
La ostra. Esta criatura convierte al hierro —que nutrió una vez a los soldados y fue transformado en armas— en alimento. Ella incuba sus huevos para cuidar de ellos.
La cigüeña. Esta criatura expulsa de sí misma lo pernicioso al tomar agua con sal. Si ella encuentra que su compañero es infiel le abandona y cuando está vieja sus hijuelos la cuidan y la alimentan hasta que muere.
La cicada. La canción de esta criatura silencia al cuco. Ella muere con el aceite de oliva y revive con el vinagre. Ella canta con vehemente ardor.
El murciélago. Esta criatura es más ciega donde hay más luz y si más mira al sol, ciego llega a ser.
El áspid. Esta criatura lleva de improviso la muerte en sus dientes y para no escuchar los hechizos, tapa sus orejas con su cola.
El dragón. Esta criatura ciñe las patas del elefante para que más tarde caiga sobre él y ambos mueran. Agonizante, él obtiene su venganza.
La víbora. Esta criatura abre su boca durante el coito y al final ella aprieta los dientes y mata a su compañero. Entonces, cuando los hijos han crecido dentro de ella, le desgarran el vientre y matan a su madre.
El escorpión. Si, sobre un estómago vacío, tú escupes saliva encima de un escorpión, tú le matarás. Esto es la reminiscencia de la abstinencia de voracidad, la cual remueve y destruye la enfermedad causada por la gula y abre la vía a la virtud.
El cocodrilo: hipocresía. Esta criatura atrapa a un hombre y lo mata en seguida. Cuando lo ha matado, lo deplora y se lamenta por él con varias lágrimas y cuando ha finalizado su lamento, lo devora cruelmente.
Esto es lo que el hipócrita hace con ojos llenos de lágrimas, como la cosa más fútil, mientras él tiene un corazón de tigre y se regocija interiormente de la desgracia de otra gente con una cara colmada de piedad.
La oruga: de virtud en general. La oruga que, apasionada y diestramente, se ha tejido a sí misma una nueva morada con notable artificio y sutil esfuerzo, surge con hermosas alas coloridas y con ellas sube al cielo.
La tarántula. La mordida de la tarántula preserva a un hombre de su primera resolución. Esto es, lo que él estaba pensando cuando fue mordido.
El elefante. Los grandes elefantes tienen en su naturaleza lo que rara vez se encuentra en los hombres. Esto es, honestidad, prudencia y equidad y observancia religiosa. Nosotros sabemos esto porque cuando hay luna llena, ellos van a los ríos y allí ellos se lavan y solemnemente se purifican y habiéndole agradecido a la luna, retornan a los bosques. Y cuando ellos enferman, se echan sobre sus espaldas y arrojan yerbas hacia el cielo, casi como si ellos deseasen ofrecer un sacrificio. Cuando envejecen hacen caer a sus colmillos y los entierran. De sus dos colmillos, ellos usan uno para desenterrar raíces y alimentarse y mantienen el otro aguzado para el combate. Cuando ellos son atrapados por los cazadores y sojuzgados por agotamiento, ellos hacen salir los colmillos a golpes y con ellos compran su libertad. Ellos son benignos y saben del peligro y si ellos encuentran a un hombre solo y perdido, alegres lo ubican en el camino correcto. Si alguno de ellos encuentra las huellas de un hombre antes de que vea al hombre mismo, teme que sea una trampa y así, se detiene y resopla y muestra las huellas a los otros elefantes y se congregan y avanzan cautelosamente. Ellos siempre van en manadas, con el más viejo al frente, y cada uno de acuerdo a su edad y así, la manada es organizada. Ellos tienen un gran sentido de la vergüenza y sólo copulan por la noche y escondidos y después del coito ellos no retornan a la manada hasta que se han lavado en un río. Ellos no pelean con las hembras, como las otras criaturas, y ellos son por naturaleza benévolos y son reacios a dañar a aquellos más débiles que ellos mismos. Si ellos cruzan a través de una manada de ovejas, las guían al otro lado con sus colmillos y así no las aplastan bajo sus patas y ellos nunca hacen daño alguno si son provocados.
Cuando uno cae dentro de un foso, los otros llenan el foso con ramas de árboles, tierra y piedras. De esta manera, ellos elevan el fondo del foso y el cautivo es liberado fácilmente. Ellos temen mucho a los chillidos de los cerdos, pero aunque ellos huyan, no causan ningún daño con sus patas, excepto a sus enemigos. Ellos gustan de los ríos y siempre vagan cerca de ellos, pero debido a su gran peso no pueden nadar. Ellos devoran piedras y los troncos de árboles son para ellos delicioso alimento. Ellos odian a las ratas. A las moscas les gusta su olor y se asientan sobre sus espaldas y los elefantes desgarran su propia piel y conducen a las moscas al interior de los pliegues de la piel y las matan. Cuando ellos cruzan los ríos y envían a sus hijos corriente abajo y ellos se colocan a sí mismos corriente arriba y rompen la fuerza del agua y así la corriente no arrastra a sus hijos.
El dragón se arroja bajo el cuerpo del elefante, ata sus patas con su cola y con sus alas y garras ciñe los lados del elefante y trata de hacerlo pedazos con sus uñas. Y entonces el elefante cae sobre el dragón, el cual es aplastado hasta la muerte y así, con la muerte de su enemigo, el elefante se venga.
Serpientes. La serpiente, la cual es una criatura muy larga, cuando ve a un pájaro en el cielo, inhala tan violentamente que el pájaro es arrastrado hasta dentro de su boca. Marco Régulo, un cónsul en el ejército de Roma, fue con su ejército atacado por alguna de tales criaturas y casi destruido. Cuando esta criatura fue muerta por una máquina de asedio, ella medía ciento veinticinco pies. Su cabeza era tan alta como cualquier árbol.
Leones, leopardos, panteras, tigres. Estas bestias mantienen sus garras encubiertas y ellas no las descubren excepto cuando van a caer sobre sus presas o un enemigo.
La leona. Cuando la leona defiende a sus hijos contra los cazadores, ella baja sus ojos a la tierra, como si no temiera a las lanzas. Esto es debido a que si ella escapa, sus hijos serían capturados.
El león. Este terrible animal a nada teme más que al ruido de carros vacíos y también al canto de los gallos. Él se atemoriza mucho cuando ve a un gallo y parece su melena aterrorizada y aun cuando tenga su cara cubierta se desanima.
La pantera africana. Este animal se parece a una leona, pero sus patas son más largas y su cuerpo, alongado y delgado. Es completamente blanco, excepto donde está dotado de manchas negras que parecen rosetas. Todos los otros animales sienten agrado de verlo y ellos siempre le rodearían, si no fuera por el terror que inspira su cara. Conociendo esto, él oculta su cara y los animales a su alrededor sienten seguridad y se le acercan para disfrutar más su belleza y entonces, la pantera, de improviso, atrapa al que está más cercano y en seguida lo devora.
Los camellos. Los camellos bactrianos tienen dos jorobas; los árabes, una. Ellos son veloces en la batalla y muy usados como bestias de carga. Este animal observa estrictas reglas y normas: rehúsa moverse si tiene una carga más grande que la usual y, similarmente, si tiene que viajar demasiado lejos, se detiene de repente y los mercaderes tienen que disponerlo para la noche.
Las cerastas. Esta criatura tiene cuatro pequeños cuernos movibles. Cuando ella desea comer, se oculta en el follaje, excepto los cuernos que, como se mueven, les parecen a los pájaros traviesos gusanos. Entonces los pájaros se abaten sobre ellos para picotearlos y las cerastas, imprevistamente, enrollan a los pájaros y los devoran.
La anfisbena. Ésta tiene dos cabezas. Una en la parte usual y la otra en la cola, como si no fuera suficiente escupir veneno de un solo lugar.
El áspid. El único remedio para una mordedura de este animal es cortar la parte afectada de inmediato. Este pernicioso animal posee tal afección por su compañera que ellos siempre andan juntos. Si uno de ellos tiene la desgracia de ser muerto, el otro sigue a su asesino con una increíble velocidad y es tan diligente y dispuesto en su venganza que supera cualquier dificultad. Pasa por entre ejércitos enteros, buscando dañar sólo a su enemigo y cubre grandes distancias y puede únicamente ser evitado yendo a través del agua o huyendo muy rápido. Sus ojos se vuelven hacia su interior y tiene largas orejas. Es más afectado por el sonido que por la luz.
El icneumón. Este animal vive en Egipto. Es el mortal enemigo del áspid. Cuando él ve a un áspid cerca, se arroja al lodo del Nilo y se cubre con él y cuando se ha secado al sol, se embarra de nuevo y así, se seca una capa de lodo tras otra hasta que tiene tres o cuatro vestiduras parecidas a armaduras y entonces él ataca al áspid, la atrapa en el momento preciso, la introduce en su garganta y la traga.
El cocodrilo. Vive en el Nilo. Tiene cuatro patas. Es peligroso sobre terreno seco y en el agua. Es el único animal terrestre sin lengua y muerde moviendo solamente su mandíbula superior. Él alcanza una longitud de cuarenta pies; posee garras y está armado con una epidermis coriácea que puede resistir cualquier golpe. Él pasa el día en la tierra y la noche en el agua. Cuando ha comido un pez, va a dormir a las orillas del Nilo con sus mandíbulas abiertas y el pájaro conocido como tróquilo, un pájaro muy delgado, vuela hasta su boca y salta y picotea el alimento que quedó al frente y detrás de los dientes, dándole al cocodrilo tal placer con las cosquillas que el cocodrilo abre sus mandíbulas con más amplitud y duerme más profundamente. Cuando el icneumón ve esto, se arroja dentro de su boca y agujerea su estómago y entrañas y finalmente le mata.
El ibis. Se parece a una cigüeña y cuando siente que está enfermo llena su garganta con agua y con su pico se hace un enema.
La comadreja. Cuando ella va a cazar ratas, este animal primero come ruda.
El jabalí. Este animal trata sus dolencias comiendo hiedra.
La serpiente. Cuando ella desea rejuvenecerse, esta criatura muda su vieja piel, comenzando por la cabeza. Le toma un día y una noche cambiar.
El camaleón. Éste siempre toma el color de su entorno, con el resultado que es comido por el elefante junto con el follaje, donde él estaba apoyado.
Presciencia. El gallo no canta hasta que ha batido sus alas tres veces. El loro, cuando va de rama en rama, nunca coloca sus patas donde primero no ha colocado su pico.