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Heather Ferguson
Lapidario

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32. Sal 2

Me paro sola en dunas costeras, atenta hacia la noche. La sal se endurece en mi pelo. Palabras apenas distinguibles soplan sobre mí, una respiración salada que refriega las arenas y me encostra. Una capa delgada de sílabas, murmullos olvidados, cristales que relucen y me vuelven blanca bajo la luna.

Aire salobre en mis manos cortadas por cuerdas, el dolor que escuece y sana. Una casucha deslavada por el tiempo meciéndose como al compás de una canción de cuna. Una atracción antigua, recuerdos de un barco aporreado que no tocó ninguna tierra. Y figuras que flotan sobre el puente, disolviéndose en niebla, desconocidas.

Esto era antes de los días de mapas, cuando mirábamos hacia la noche en busca de ayuda.