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Sam HamillSam Hamill
Dos poemas

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Sam Hamill: artesano de la palabra

Ojos bien abiertos y otros poemas
Colección de poesía El Cuervo,
68 páginas.
Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo;
Octubre 2006, Valencia, Venezuela

Almost Paradise, New and selected Poems & Translations (Casi el Paraíso: nuevos poemas, poemas selectos y traducciones), volumen que reúne una amplia selección del trabajo de Sam Hamill, publicado en 2005, es un libro revelador. Pone de manifiesto y nos brinda una serie de indicios y pistas, no sólo respecto de la poética y las lecturas del autor, sino también acerca de como éste entiende el oficio, la labor con la palabra y su manera de aproximarse a ella.

Al abrir sus páginas descubriremos que la primera parte incluye una serie de sus traducciones, entre las que hallaremos poemas pertenecientes a Safo, Anacreonte, Catulo, Lao Tzu, Chuang Tzu, Lu Chi, Li Po, Tu Fu, Bashō, Buson, Ryōkan e Issa, entre otros; realizadas todas a partir de los textos originales (el autor vivió en el Lejano Oriente y Europa donde estudió las lenguas de sus maestros). Esta manera de organizar el libro, colocar delante de sus propios poemas las traducciones, además de postular una declaración de principios poéticos, expresa un sentido homenaje a aquellos poetas que luego de una atenta lectura a través de los años, se convirtieron por su voluntad y elección en sus queridos y deseados compañeros de viaje.

Sam Hamill sostiene con esta actitud que la poesía es un proceso ciertamente dialogal, el encuentro a través de los siglos de voces de diverso origen, tributarias de una tradición universal, la que supera culturas y fronteras.

La tradición poética no debe ser reducida a la división que le hemos impuesto al planeta basándonos en fenómenos naturales como: la salida y la puesta del sol. Ésta trasciende los conceptos y las diferencias que surgen de los términos Oriente y Occidente. Ofreciéndose a todo aquél que desee aceptarla como el lugar donde es posible el encuentro con el otro y lo otro.

El hecho poético, como el lenguaje y por lo tanto la sabiduría, comienzan, nos dice: “...cuando ‘escuchamos’. En el mito sumerio de Inanna, diosa del cielo, hija de la luna y de la estrella de la mañana, observaremos que la palabra ‘oreja’ representa también a sabiduría y mente”.1 Inanna, la diosa del cielo, escuchaba al mundo debajo de ella, posteriormente narraba lo que había escuchado y escuchándose aclaraba su propia visión. En el ensayo de referencia destaca: “En el principio era el verbo, repetimos, pero eso no es verdad. Primero escuchamos. Luego nombramos”. El proceso inherente a la acción de “escuchar” nos obliga en este oficio que es puro medio y no tiene ningún fin en absoluto a: “...entregar nuestro yo. El yo de mi poema no me pertenece. Es una primera persona impersonal, es la autorización para que el lector penetre en esa experiencia que denominamos poema”.2 El verdadero poeta, señala, como primera medida, debe deshacerse de su yo.

Sam Hamill, un huérfano que fue criado por una familia sustituta, se acercó tempranamente a la poesía. Siendo muy joven partió de Utah a California, se dirigió a San Francisco, ciudad en la que estaban ocurriendo muchas cosas en el campo de la poesía, entre ellas aquello que la prensa denominó “el Renacimiento poético de San Francisco”. Allí en 1955 Allen Ginsberg leyó por primera vez en público, en la galería de arte Six, su emblemático Aullido; Lawrence Ferlinghetti y Kenneth Rexroth experimentaban leyendo sus textos acompañados por músicos de jazz, hecho que en más de una manera transformaría el ritmo, la respiración de la escritura poética norteamericana.

En ese ambiente privilegiado el joven Hamill tomaría contacto con Kenneth Rexroth, el autor de No matarás, su lamento por la muerte de Dylan Thomas, el que influyó en Ginsberg cuando éste reescribía Aullido. Rexroth, un poeta reconocido, era también el conductor de un programa radial en el cual difundía la poesía de poetas como Philip Lamantia, Gary Snyder, Denise Levertov, el hermano Antoninus y Robert Duncan, entre otros. Periódicamente reunía en su casa a poetas y les leía poemas en alemán, francés, japonés, griego y latín, los que luego traducía espontáneamente. Este fue el primer taller al que asistió el autor.

Hamill relata que Rexroth ponía especial énfasis en transmitir que la poesía no es, no debe, no puede considerarse un hecho incorpóreo. Ésta no es algo que sucede simplemente en la página, por el contrario representa la más alta expresión de la experiencia humana, tan cercana a la perfección como los enunciados del hombre puedan llegar a estarlo. Esta definición asimismo induce al poeta a aceptar sus responsabilidades personales ante el curso de la historia. A diferencia de Ezra Pound, pensaba que no se puede acceder a dicha corporización separadamente de aquello que denominaba una manifestación sincera, física y emocional, de la compasión.

La poesía de Hamill nos conecta con su biblioteca de clásicos y con varios poetas contemporáneos de la tradición poética norteamericana, muchos de ellos virtuales desconocidos en la lengua castellana como Hayden Carruth y Thomas McGrath. Una tradición vigorosa en tanto ha logrado sobrevivir en un país educado y preparado para la guerra. El que, sin embargo, ha logrado desarrollar una potente e inquietante tradición literaria que vindica la paz y la armonía entre los seres humanos.

Luego de terminar sus estudios secundarios y sin contar con los medios económicos para inscribirse en la universidad se enroló en el ejército y prestó servicio durante cuatro años en el cuerpo de marines, el que lo destinó al Lejano Oriente. No fueron años fáciles para el poeta pues estando bajo bandera decidió convertirse en objetor de conciencia y abrazó la causa pacifista, lo que le acarreó innumerables dificultades con sus superiores. Al finalizar su contrato regresó a su país en 1965, donde logró inscribirse en la Universidad de California, merced a una ayuda económica del Estado. En 1972 fundó la editorial Cooper Canyon Press, la que ha sido reconocida en diversas ocasiones por sus servicios al género. Dictó talleres de poesía en escuelas, cárceles y a grupos de niños y mujeres golpeadas y ejerció el periodismo y la crítica literaria. Paralelamente publicó quince volúmenes de poesía, dio a conocer tres libros de ensayos vinculados con el oficio poético y realizó docenas de libros de traducciones del chino, japonés, griego, latín y estonio. Ha obtenido las becas que otorgan el National Endowment for the Arts, la Fundación Guggenheim, el Lila Wallace-Readers Digest Fund, el Andrew Mellon Fund, la Comisión de la Amistad Norteamericano Japonesa, y en dos ocasiones su trabajo mereció el premio a las artes del estado de Washington. Su obra ha sido traducida al japonés, chino, griego, italiano, holandés, portugués, croata, lituano y castellano.

En febrero de 2003, su vida tomaría un nuevo y drástico curso. Una mañana, al abrir su casilla de correo, halló entre su correspondencia un sobre en cuyo margen izquierdo se destacaba la leyenda: The White House. En su interior había una invitación de la primera dama de los Estados Unidos de Norteamérica, Laura Bush, que lo invitaba a participar de un simposio de poesía en la Casa Blanca. Esta invitación lo fastidió terriblemente pues la noche anterior había estado leyendo en Internet una serie de artículos que analizaban los planes de Bush para devastar Iraq en un futuro cercano con bombardeos masivos. Ese día recordó la ocasión cuando durante la guerra de Vietnam se convirtió en objetor de conciencia, y le vinieron a la memoria las palabras de un pequeño monje japonés, su maestro Zen, quien en una oportunidad le dijo: “Debes enfrentar la vida como si ya estuvieras muerto”. Decidió escribir una carta a sus amigos y colegas, en la que les solicitaba que cada uno de ellos se expresara a favor de la verdadera conciencia cívica de su país y firmaran un petitorio contra una guerra que destruiría a un pequeño país que no tenía relación alguna con los atentados del 11 de septiembre. Asimismo, los urgía a colaborar para declarar el 12 de febrero como el día de la poesía contra la guerra. Este fue el primer paso en la creación de Poetas contra la Guerra, un foro en el que los poetas pueden manifestarse contra la guerra.

Las presiones políticas comenzaron a crecer en intensidad. The New York Times y The Wall Street Journal publicaron artículos en los que fue atacado personalmente por periodistas cercanos a la administración republicana, los comentaristas televisivos denostaban su independencia política. Entonces, el directorio de la editorial que él había fundado, Copper Canyon Press, le solicitó, por el bien de la misma, la renuncia a su cargo y asimismo fue despedido de la dirección del Port Townsend Writers’ Conference. Los grandes medios de prensa habían ganado su batalla contra un poeta independiente.

Sam Hamill, sin embargo, continúa sus labores; escribe, traduce; recupera la voz de su maestros. La poesía, postula, debe llamar a las cosas por su nombre y nos recuerda aquellas palabras de Ezra Pound, “La poesía como una noticia que permanezca como tal, a través de los tiempos”. El poeta sigue escuchando con humildad al otro, sabe que de este acto surgirá el consenso entre las voces, las que nos proponen compartir un conjunto de bienes simbólicos comunes a la humanidad.

Esto sólo podrá suceder si el valor de los poetas es contagioso, y si los mitos y las leyendas no empañan y ocultan la realidad.

 

Notas

  1. Sam Hamill: prefacio de A Poet’s Work: the other side of poetry, Broken Moon Press, Seattle, Washington, 1990.
  2. Sam Hamill: “The necessity to speak”. A Poet’s Work: the other side of poetry, Broken Moon Press, Seattle, Washington, 1990.