Poesía para acompañar la marcha de una recitación en
honor del mar.
Poesía para asistir el canto de una marcha en el contorno
del mar.
Como la ejecución de la torre del altar y la gravitación del
coro en el circuito de la estrofa.
Y es un canto de mar como no fue jamás cantado, y es el
Mar en nosotros quien lo cantará:
El Mar, en nosotros fijado, hasta la saciedad del soplo y
la peroración del soplo,
El Mar, en nosotros, llevando su ruido sedoso de anchura
y toda su grande frescura de ganga para el mundo.
Poesía para apaciguar la fiebre de un insomnio en el periplo
del mar. Poesía para mejor vivir nuestro insomnio en la delicia
del mar.
Y es un sueño de mar como él no hubo jamás
soñado, y es el Mar en nosotros que lo soñará:
El Mar, en nosotros tejido, hasta sus zarzales de abismo,
el Mar, en nosotros, tejiendo sus grandes horas de luz y sus
grandes huellas de tinieblas
Toda licencia, todo nacimiento y toda enmienda,
¡el Mar! ¡el Mar! en su aflujo de mar,
En la afluencia de sus burbujas y la sabiduría infusa
de su leche, ¡ah! en la ebullición sagrada de sus vocales —
¡las santas hijas! ¡las santas hijas!—
El Mar él mismo todo espuma, como Sibila
en flor sobre su silla de hierro...
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Así celebrado, serás tú ceñido, oh Mar, de una alabanza sin
ofensa.
Así convidado serás tú el huésped que convida a callar el
mérito.
Y del Mar él mismo no será cuestión, más que de su
reino en el corazón del hombre:
Como él está bien, en la solicitud del Príncipe, de interponer
el marfil o bien el jade
Entre el semblante soberano y la alabanza cortesana.
Yo me inclino en vuestro honor con una inclinación sin
bajeza,
Yo agotaré la reverencia y el balanceo del cuerpo;
Y el humo todavía del placer ahumará la cabeza del ferviente,
Y la delicia todavía de la mejor dice engendrar la gracia de
la sonrisa...
Y de salutación tal serás tú saludado, oh Mar, que se recuerda
por largo tiempo como
una recreación del corazón.