Las conchas eternas
repiten el canto del mar
en la oreja atenta
del niño segador de milagros
que hila su collar de palabras
alrededor del cuello de gaviota
sorprendido de coser con hilo blanco
las historias que dice la ola
contoneándose como una amante
en los vértigos del amor
y buscando las puertas abiertas
sobre las luces desconocidas
portadoras de esos sueños donde
pasan en sus ojos de barcos
cargados de oro y de pedrerías
y cuyo capitán es
el poeta inventor de cosmos
en los huecos de sombra de los helechos
en verano cuando la sangre salta
los surcos abiertos del amor
el tiempo que la semilla tenía el corazón
de levantar al árbol hacia los cielos
donde todo está escrito por quién sabe
en las estrellas mágicas
que no finalizan nunca más
de atormentarnos la Conciencia