Portulano. Estas tres sílabas de sueño salado hacen surgir las carabelas encalmadas1 sobre el mar de los Sargazos, los galeones perdidos entre La Española y San Salvador.
Para contemplar, en los museos navales de Génova o de Venecia, esos mapas confusos de misterio, iluminados de imprecisión, señalados, con tajos, de rutas a los golpes de olas, punteados de arrecifes, rayados de corrientes, taladrados por fuegos, cuántas veces me he dejado llevar sobre los buques cuyos nombres mismos son palabras de aventuras: carracas, galeotas, fragatas, schooners, corbetas, bergantines, goletas, clíperes.
Yo me hice a la vela hacia las islas conocidas por mí solamente, donde yo sería proclamado rey de las hormigas y los cangrejos, emperador de las tortugas de mar... a menos que un jefe antropófago no haya decidido mascarme.