Andaré en el aire.
Estaré en todos los nacimientos y en todas las agonías,
me anidaré en los recantos del cuerpo de la novia,
en la cabeza de los artistas enfermos, de los revolucionarios...
Todo traspasará.
Volcanes de odio, explosiones de amor, otras caras aparecerán en la tierra,
el viento que viene de la eternidad suspenderá los pasos,
danzaré en la luz de los relámpagos, besaré todas las mujeres,
vibraré en los aquelarres del mar, abrazaré las almas en el aire,
me insinuaré en los cuatro cantos del mundo.
Almas desesperadas, yo os amo. Almas insatisfechas, ardientes,
Detesto los que se cubren, los que juegan a la cabra-loca con la
Vida, los hombres “prácticos”./
¡Viva San Francisco de Asís y varios suicidas y los amantes suicidas, y los
soldados que perdieron batallas y las madres bien madres, las féminas bien
féminas, los locos bien locos!/
¡Viva yo que inauguro en el mundo el estado de confusión trascendente!
Soy la presa del hombre que fui hace veinte años,
de los amores raros que tuve,
vida de los planos ardientes, desiertos vibrando bajo los dedos del amor,
¡todo es ritmo en el cerebro del poeta! No me inscribo en ninguna teoría.
Estoy en el aire,
en el alma de los criminales, de los amantes desesperados,
en mi cuarto modesto de la playa de Botafogo,
en el pensamiento de los hombres que mueven el mundo,
ni triste ni alegre, llama con dos ojos andando,
siempre en transformación.