Portugués
Murilo MendesMurilo Mendes: el visionario

Comparte este contenido con tus amigos

Murilo (Monteiro) Mendes nació en Juiz de Fora (Brasil) el 13 de mayo de 1901, hijo de un funcionario público y de una madre dada al canto y al piano. Estudió con salesianos y padres del Verbo Divino, que contrariaban su temperamento rebelde. En 1917 vio danzar a Nijinsky, hecho trascendental en su vida.

Fue estudiante frustrado de farmacia. En 1920 se contrató como archivista del Ministerio de Hacienda de su país, y luego trabajó en una notaría. Se casó en 1947 con la poetisa portuguesa Maria da Saudade Cortesao. En 1952 hizo su primer viaje a Europa, volviendo ya pocas veces a Brasil. Allá vivió en París, Roma, Lisboa, donde murió el 13 de agosto de 1975. Fue amigo de Picabia, Miró, Camus, Magritte y Marc Chagall.

Su primer libro Poemas fue publicado en 1930. Le siguieron Historia do Brasil (1932), Tempo e eternidade (1935), y As metamorfoses (1941). Sobre sus libros A poesía en pánico (1938), O visionario (1941) y Mundo enigma (1945), Manuel Bandeira observó que Murilo “tendía hacia una visión dialéctica que exprime la síntesis de los contrarios, síntesis de trascendencia religiosa y del mundo de las formas en que se localiza el poeta como hombre”.

Luego vinieron Janela do caos (1949), publicado en París, con ilustraciones de Francis Picabia; Tempo espanhol (1959) y Convergencia (1970), aparte de algunos libros de prosa como A idade do serrote (1968).

Según Denira Rozario, Murilo escribía sus versos con toda autenticidad, al saber de sus disposiciones imperiosas e íntimas. Sus poemas muchas veces son locos, inusitados, parecidos a su propio autor. Gilberto Mendonça Teles dice que el poeta incorporó el ritmo y los avances de la poesía vanguardista italiana y europea.

Él mismo escribió su microdefinición, llena de gracia. “Siéntome impelido al trabajo literario por el deseo de suplir las lagunas de la vida real... por mi aversión a la tiranía, a la guerra, por mi amor a la libertad... por mi no reconocimiento de la frontera realidad-irrealidad... por mi certeza de que jamás seré guerrillero urbano, mucho menos rural... porque estoy traumatizado por la precipitación diaria de los hechos, por haber visto danzar a Nijinsky... porque dentro de mí discuten un minero, un griego, un hebreo, un hindú, un cristiano pésimo, relajado, un socialista aficionado... por considerar los textos tan importantes como los testículos... por sufrir delante de la confusión del mundo actual... por mis remotos y actuales viajes al cinematógrafo, palabra del tiempo de la infancia; porque temo el diluvio de excrementos, la bomba atómica, la desagregación de las galaxias, la explosión de la vesícula divina, el juicio universal”.

Murilo Mendes, al lado de Drummond de Andrade, es una de las cimas más originales y creativas de la poesía brasileña del siglo XX, y uno de sus innovadores más prolíficos, a la vez que visionario abridor de nuevas sendas poéticas y vitales en los jóvenes creadores que le han seguido.