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Don PatersonLos aforismos de las sombras
Don Paterson y la amabilidad británica en la ironía francesa

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Conocí a Don Paterson en una conferencia en Londres hará un par de años. Mucho antes me había enterado de su fama de ganador (no una, sino dos veces) del prestigioso premio T. S. Eliot, el que en Gran Bretaña otorga un status olímpico. A despecho del aura que pudiera precederle, Paterson resultó ser un tipo sencillo, amable, de carácter bondadoso; quien, no obstante, en una mesa redonda sobre el aforismo, atrevió la irreverencia de contradecir con opiniones sensatas a las afirmaciones aparatosas y bien establecidas de la crítica literaria.

La anécdota condice con el personaje, pues nadie que en Gran Bretaña se dedique al aforismo lo hace por el reconocimiento público. En la tradición literaria de lengua inglesa, el aforismo no es tan sólo un género anómalo —como lo es en las demás—, sino casi inexistente y prácticamente desconocido. De ahí que no creo extravagante subsumir aquí los textos ingleses de Paterson en una tradición mayor de vena europea, i. e. como la variante británica de una maña escritural originalmente francesa.

Desde La Rochefoucauld, el aforismo suele asociarse con el comentario ingenioso, de aserciones tajantes e inapelables con trasfondo irónico. En Paterson, sin embargo, la cortesía británica pareciera condimentar esa actitud: es probablemente su politeness la que quita el aguijón a sus textos o la que lo dirige contra el yo autoral. De manera que en sus textos el sarcasmo aparece frecuentemente como autoironía o la franqueza que deviene cinismo evita la insolencia con cierta amabilidad. Alguien podría pensar que aquí hay un contraste esencial, casi un oxímoron; no es así: este matiz británico agregado a las tonalidades de la aforística no es una discrepancia, sino una obra excelente en que las letras galas y las inglesas se complementan entre sí. La siguiente muestra de textos, tomados de The Book of Shadows (Picador, 2005), ilustra mi dicho e ilustra también que, como en todo lo que se dice en literatura, las excepciones abundan.

Extractos