Portugués
Roberto Piva, el transgresor

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Paranoia en Astrakán

Yo vi una linda ciudad cuyo nombre olvidé
       donde los ángeles sordos recorren las madrugadas tiñendo
                  sus ojos con lágrimas invulnerables
       donde niñas católicas ofrecen limones a los
               pequeños paquidermos que salen de sus escondidijos de las cuevas
       donde adolescentes maravillosos cierran sus cerebros
                a los tejados estériles e incendian internados
        donde manifiestos nihilistas distribuyendo pensamientos
                 furiosos tiran la descarga sobre el mundo
        donde un ángel de fuego ilumina los cementerios en
                 fiesta y la noche camina en su hálito
        donde el sueño del verano me tomó por loco y decapité
                  el Otoño de su última ventana
        donde nuestro desprecio hizo nacer una luna
                  inesperada en el horizonte blanco
        donde un espacio de manos rojas ilumina aquella
                    fotografía de pez oscureciendo la página
         donde mariposas de zinc devoran las góticas
                    hemorroides de las beatas
          donde las cartas reclaman brindis de emergencia
                    para lindos tobillos arañados
           donde los muertos se fijan en la noche y aúllan por
                     un puñado de flacas penas
           donde la cabeza es una bola dirigiendo los acuarios
                    desordenados de la imaginación.