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Sylvia Plath
Poemas postreros
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Los maniquíes de Munich
La perfección es terrible, no puede tener niños.
El frío como el aliento de nieve, ataca el útero.
Donde los árboles de tejo bufan como hidras,
El árbol de la vida y el árbol de la vida
Desatan sus lunas, mes tras mes, sin propósito.
La inundación de sangre es la inundación de amor,
El absoluto sacrificio.
Significa: no más ídolos para mí,
Yo y tú.
Así, en su amabilidad azufrada, en sus sonrisas
Estos maniquíes se reclinan esta noche
En Munich, depósito de cadáveres entre París y Roma,
Desnudos y raídos en sus pieles,
Colgajos naranja sobre estacas plateadas,
Intolerables, sin mente.
Las pizcas de nieve, sus pedazos de oscuridad,
Nadie en torno. En los hoteles
Las manos estarán abriendo puertas y quitándose
Los zapatos para un pulimento de carbón
Dentro de los cuales anchos dedos del pie vendrán mañana.
¡Oh! La domesticidad de estas ventanas,
El encaje para niño de pecho, las confituras de hojas verdes,
Los corpulentos alemanes durmiendo en su insondable Stolz.
Y los negros teléfonos sobre ganchos
Relucientes
Relucientes y digeribles
Mutismo. La nieve no tiene voz.
28 de enero, 1963
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