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Sylvia Plath
Poemas postreros
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Paralítico
Sucede. ¿Continuará?
Mi mente una roca,
Sin dedos para agarrar, ni lengua,
Mi dios el pulmón de hierro
Que me ama, bombea
Mis dos
Sacos de polvo, adentro y afuera,
No
Me permitirá recaer
Mientras el día afuera se desliza como un indicador de cinta.
La noche trae colores violáceos,
Tapices de ojos,
Luces,
El apacible anónimo
Hablador: “¿Estás bien?”
El tieso, inaccesible pecho.
Huevo muerto, yo yazgo
Todo
Sobre un mundo todo que no puedo tocar,
En el blanco, estrecho
Tambor de mi durmiente lecho
Las fotografías me visitan —
Mi esposa, muerta e insulsa, en 1.920 pieles,
La boca llena de perlas,
Dos muchachas
Tan insulsas como ella, quienes murmuran “Nosotras somos tus hijas”.
Las tranquilas aguas
Envuelven mis labios,
Ojos, nariz y orejas,
Un claro
Celofán que yo no puedo reventar.
Sobre mi desnuda espalda
Yo sonrío, un buda, todo
Desea, anhela
Caer desde mí como anillos
Abrazando sus luces.
El pecíolo
De la magnolia,
Borracho en sus propios perfumes,
Pide nada de vida.
29 de enero, 1963
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