Magda Isanos (1916-1944)
Considerada, con frecuencia, la voz femenina más importante de toda la poesía rumana. Ella hace parte de la familia de escritoras que murieron jóvenes como, por ejemplo, Delmira Agustini, aunque sus circunstancias son diferentes. Muy conocida por sus poemas “confesionales” que oscilan entre la felicidad vitalista muy acorde con su edad (exprimida, a veces, en versos musicales) y el espanto frente a la muerte. También podemos decir que su escritura es un testimonio emotivo del dramatismo de la guerra mundial.
Interior
Mis días han pasado en esta casa
ociosos como las almohadas del canapé,
quietos como las niñas de los tiempos pasados.
Candil debajo del icono, tú ¿por qué tiemblas?
¡No sé a quién se parece la Madre de Dios!
Mamá, a veces, ella se parece a ti.
Las dos habéis tejido y lavado la ropa blanca,
y al anochecer os habéis acostado más tarde que todos...
Quiero los retratos y los rincones
en donde las silencios se esconden para ronronear
como gatos solitarios.
La casa se llena de vuelos y de cortinas sonámbulas...
Quisiera ir a buscar en la cómoda de madera
(donde la luz cae como un impulso)
naranjas y manzanas y encontrar en la ropa
los manos de una niña... matas delicadas...
Hijo mío, no me busques...
Hijo mío, no me busques. Todas las cosas
te van a hablar de mí con razón.
Cuando yo no sea más,
no digas: “Ya es tarde para mi madre”.
Sabes, yo voy a reír en las flores
y voy a cercar muchas veces
con las nubes y la lluvia los corrales
allí, donde una vez, pasé mis mediodías.
Si sufres, llámame por la noche,
y yo vendré al lado de tu corazón
aunque deba traspasar el horizonte
y también el mar con mis alas.
No tengas miedo de mi rostro cambiado.
No digas: “¡Mi mamá nunca fue así!”
Tú vas a reconocer mi voz de cuento
en los árboles delante de las ventanas.
Vas a comprender que soy yo por tantas señas,
cuando llegue hasta el lado de tu cama
y haré que el aire sea fresco,
bajando junto a ti todas las estrellas.
Tú vas a saber que mamá está cerca
también en la manera que tienen de callar todas las cosas —
en el dolor y la inquietud del mañana —
y en el olor del membrilla y del pan.
Vas a reconocerme y a sonreírme en tu sueño.
Y en cuanto a mí, cuando vea que el sol se levanta,
voy a llevar mis ángeles y a volar
por si acaso me asalta el temor de no devenir rocío y morir...