Un carretillero empujaba montaña arriba una carretilla cargada al máximo. Cuando alcanzó la mitad de la altura, en el instante que necesitaba hacer mayor acopio de fuerza, llegó un lobo a la carrera y le clavó los dientes en una nalga. El hombre no podía desprenderse de las varas de la carretilla y ahuyentar al lobo. De hacerlo, la carretilla recularía, las mercancías que transportaba se dañarían y él mismo podría sufrir perjuicio. No le quedó más opción que continuar empujando hacia arriba, soportando el dolor. A pocos pasos de la cima, pensó que muy pronto se libraría del lobo. Sin embargo, el lobo escapó con un trozo de carne en el hocico.
(El lobo le robó un trozo de carne al hombre, al sacar provecho de su impotencia. Ese lobo, además de ladino, era bromista!).