En el poblado de Mutu, perteneciente al distrito Suchou, una joven mujer estaba sentada, de noche, en el patio de su casa. De repente, descendió del firmamento una chispa y cayó sobre ella. La muchacha se desplomó, abatida. Los padres sólo la tenían a ella y les hacía compañía. Carecían de hijos varones.* A la carrera llegaron a auxiliarla. La muchacha, felizmente, después de un rato resucitó.
—¡Yo transmuté en hombre! —dijo, riendo.
Sus padres la examinaron y resultó cierto. A partir de ese entonces, sus padres la consideraron un espíritu divino. Pero, a escondidas, estaban felices por la obtención de un hijo varón.
Este hecho acaeció el año Ting Jai.**
*En China se le da mucho más importancia a los hijos varones.