Chino
Pu Sungling: Extrañas minificciones
Voló el buey

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Un hombre de cierto distrito adquirió un fuerte buey. Por la noche soñó que al animal le brotaban alas y se escapaba al vuelo. El hombre tuvo miedo de que el sueño le hubiese presagiado la pronta desaparición del buey. Lo condujo al mercado y lo vendió a un precio mucho menor por el que lo había adquirido. Puso el dinero de la venta sobre un pedazo de tela, hizo un ovillo y se lo colgó de un hombro. Luego, marchó rumbo a su casa.

A medio camino, encontró a un halcón que devoraba la mitad de un conejo. Como el ave parecía muy mansa, el hombre la capturó y le amarró una pata a la punta de la tela. Continuó su camino, mientras sometía al ave con una mano. Ésta intentó liberarse en varias oportunidades. En la última tentativa, el hombre disminuyó la presión de la mano, sin intención, y el halcón alzó vuelo llevándose la tela con el dinero.

 

(Tal vez fue obra del destino, es verdad, pero también es verdad que al hombre no le hubiese sucedido nada si no creyese en los sueños, ni codiciase las riquezas que otros hubiesen abandonado a la vera del camino. ¡Lo que le ocurrió se debió a la creencia en bueyes que vuelan!).