Jan Kungfu, del distrito Iucheng, dijo que un día iba de viaje con su paisano Pang Archeng, cuando de repente, éste se esfumó. Transcurrido un momento, escuchó que Archeng solicitaba ayuda. Su voz parecía provenir de una de las talegas que cargaba su mula, donde hasta hacía poco iba horcajado. Kungfu echó un vistazo al interior de la talega y ahí localizó a Archeng, enrollado. Las talegas, cosa rara, no se habían movido con su peso. Kungfu intentó sacarlo, pero la abertura de la talega se cerró por sí misma. Usó entonces su cuchillo para lograr una hendidura. Pang Archeng continuaba en el interior, encogido como un cachorro. Kungfu lo ayudó a salir y le inquirió sobre la manera de introducirse allí. Pero Archeng estaba tan asombrado y confuso como Kungfu.
Al parecer, la familia de Pang Archeng padecía el encantamiento de algún zorro.