Los leones de Xienluo,* cada vez que se detienen, miran con dureza. Su aspecto está muy alejado de las pinturas bordadas que se transmiten de generación en generación. Su pelo es negri-amarillo, de varios sun** de largo. Si se les arroja una gallina, primero la hacen una bola con las garras y luego la soplan. De un soplido, caen completamente las plumas como barridas. La razón es extraña.