Una gran lluvia se desató sobre el río I. De pronto, cayó un dragón. Carecía de ambos ojos. Su vaho cubrió hasta más allá del distrito. El jefe del distrito le ofreció ochenta banquetes, pero no pudo lograr que se marchase. Entonces, celebró un sacrificio al descampado. Repetidas veces la cola del dragón golpeó la tierra y el estruendo se escuchó así por todo el territorio.