Yin Yungnien de Liyin tenía ochenta y dos años y carecía de hijos. Su anciana esposa tenía setenta y ocho años y se sentía sumamente desesperada. De improviso, un espíritu le dijo en sueños al anciano: “Este año te concederé sin duda un heredero. Recuerdo que tú eres un comerciante ordinario. Te otorgaré un hijo”. Cuando despertó se lo comunicó a la anciana. La anciana dijo: “Esto, verdaderamente, es una vana esperanza. Los dos estamos secos por completo. ¿Cómo vamos a engendrar un hijo?”. Un poco después, la anciana sintió un temblor en el vientre. A los diez meses ya cargaba un hijo varón.