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Jorge Gómez Jiménez |
Sinatra y el Soya De pronto me di cuenta de que Lima, mi ciudad luz, podía ser bonita. Salí de casa. Hacía frío; la densa lluvia se estrellaba contra mi rostro. Una, dos, tres cuadras y tomé un taxi amarillo. A Barranco, le dije sin detenerme en regateos.
Todo parecía quedar atrás, mi casa, el seis que saqué en Judicial incluso hasta la bulla de los micros (a la que nunca podré acostumbrarme) y recordé las palabras sabias de un amigo cusqueño que estudia en mi universidad el día que le preguntaron "¿Qué mes te gusta más?". Y él, el cusqueño deportado a Lima que años atrás dejó la universidad para irse con los hippies, respondió: "Depende, huevón, si estoy en Cusco, junio, y si estoy en Lima, nunca ...and say no more". Vargas Llosa escribió "¿En qué momento se jodió el Perú?". Y yo me pregunto si alguna vez no estuvo jodido. Parece ser que siempre estuvo así y que cada joda es peor que la anterior y mira pues hijo, y resulta que al fin y al cabo, a pesar de la inmensidad del universo, justamente estamos aquí inmersos y sumergidos en una gran y reverenda joda magistral que, jodida y magistralmente, se ríe en nuestras narices.
Llegué a Barranco y entre joda y joda ya estoy cantando "La flor de la canela" mientras busco mi hueco favorito, el Soya. Sí, pucha cáete de risa si quieres, pero a mí me gusta venir al Soya, aunque suene a Soyandina y la Soyandina te suene a la nieta de la Pastorcita Huaracina, claro tontín, porque era tu vecina y todas las noches mientras se desnudaba inocentemente frente a la ventana, tus ojos sólo eran poto y tetas y tetitas y culito, yum, yum, porque, la ancashina ésa, estaba (según tú, que no tienes complejos racistas) bien ricotona y porque según tú, el que no tiene de inca debe tener de mandinga (y resulta siendo más pariente de Kunta Kinte que de su padre), pero yo estoy ya pensando seriamente en tus raíces étnicas.
¡Qué triste mi vida! (Y eso que hoy forzosamente Lima tiene que ser una ciudad linda). Estoy solita en una mesa, con un trago de colores y a mi costado hay un grupo de tíos: uno blanco y calvo, otro trigueño y el más joven, debe tener treinta y tantos años, es simplemente un digno representante de la cultura peruana. El tipo blanco abraza al autóctono, que dicho sea de paso se llama Charly Huapaya y le habla de una hacienda suya, en la sierra de Lima, llamada Cocachacra y de una resistencia a dejar Lima por Cocachacra y Cocachacra por Celendín (la tierra de sus padres), pero que Celendín es el "Peróu profunde" y que no se diga más, porque ahorita le dedicamos un valsecito a la tierra de mis padres, que en la Planicie descansan, y tú cholo, cholito Huapaya, toca la guitarra carajo, si no no te pago los cinco meses (sin gratificación por Fiestas Patrias) que te debo.
Y todo ese provincianismo majestuoso puede irse a visitar a Mefistófeles cuando imaginas a Sinatra cantando "Let's get away from it all" en un pub barranquino, pero yo lo hago todo a my way ¿ok? y a my way me olvidaré de ti porque hoy Lima será mi Lima. ¿Qué eres? ¿Quién? ¿Qué te dio derecho a meterte en mi tranquilo mundito interior, maldito trovador? Eres una carta que nunca leerás y mi diario es una bitácora donde tu nombre es una especie de bustrófedon y mi vida es una bustroexistencia que se ha consagrado secretamente a ti y ríete si quieres porque Sinatra canta y sigue cantando en un pub barranquino llamado Soya y le dedica una canción a mi bustroadicción a ti.
Pongámonos bohemios y filosóficos porque el tío blanco (acompañado de la guitarra de Huapaya) ha dicho algo muy profundo, muy lindo, muy bello: "¿Qué es la distancia si lo que está lejos es lo que no sabes mirar?". Y Sinatra, cool, nuevamente "Nice n' easy" and "Come dance with me"... y sorry Huapaya, porque aunque parezcas un perro pobre de sangre y estampa y tengas ideas medio comunistas porque siempre creíste que la hacienda era de tu viejo y cuando te enteraste de la dura realidad, ay la verdad cómo duele, creciste más renegado que tu pariente Gabrielín Condorcanqui, a pesar de eso te digo que tengo que reconocer que tocas muy bien la guitarra y, aquí entre nos, somos cómplices de que planeas matar al blanco jijunón para hacer tu imperio Huapaya ¿no?
But wake up to reality porque Sinatra ha muerto y los únicos que cantan en un pub barranquino son unos tíos, que (acompañados de una guitarra y mil tragos, además) cantan una canción donde había un lobo bueno al que todos los borregos odiaban y un príncipe malo que mató a una bruja hermosa, porque todo lo conocido un día se invirtió y ahora estoy de cabeza porque más tarde te olvidaré y porque hoy te quiero, loco trovador, pero pasado seguramente ya no porque el mundo está al revés.
He vuelto al Soya después de unos meses y me he encontrado con Huapaya, que ahora viene solo pero con la misma guitarra. Sus ojos brillan, me mira y sonríe culpable porque todo ha cambiado y para dicha de Mariátegui, el problema del indio se ha solucionado, sin embargo yo sigo igual y me niego a aceptar que, después de todo, Huapaya fue el único Paco Yunque que terminó ganando.
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