En cada aniversario de Letralia nos gusta, después de la publicación de la edición correspondiente, reunirnos con amigos a rendirle tributo al vicio de la memoria. A lo largo de estos once años han sido muchas las historias de buen y mal talante que se han cobijado bajo la piel arenosa de la Tierra de Letras, y ya es inevitable hacer un balance de todo ello disfrutando los buenos recuerdos y aprendiendo de los malos.
Hace once años no queríamos siquiera asegurar nada, como declaramos en nuestro primer editorial. ¿Qué paso en firme podíamos dar entonces? Letralia era apenas un sueño, una aldea de veinte casas de barro y cañabrava, una idea que se alimentaba de la insolencia de nuestra juventud y del entusiasmo de tener a nuestro alrededor a una docena de suscriptores primigenios. Hasta la forma como accedíamos a Internet era un catálogo de procedimientos artesanales y engorrosos que, por fortuna, buena parte de nuestros lectores actuales no llegaron a sufrir.
“Tan sólo anunciaremos que nuestra intención es apoyar a la literatura como arte, sin mayor complicación y sin el absurdo del compromiso”, decíamos en ese primer editorial, y era una suerte de disculpa por nuestro atrevimiento de querer publicar, en un medio entonces considerado frío, lo mejor de la literatura desconocida en español. No sabíamos por aquellos años que el aliento nos alcanzaría para tanto y que el otrora frío medio que habíamos escogido para darle cauce a nuestras ideas se convertiría en uno de los escenarios más importantes para la difusión del trabajo de los escritores hispanoamericanos.
Como en toda edición aniversaria, la que usted está leyendo en este momento es un alto en el camino para apreciar cuánto hemos avanzado. Es por ello que hemos querido ofrecer a nuestros lectores una serie de historias de algunos de los autores que, durante poco más de una década, nos han ayudado a soñar este sueño. Nuestro especial de aniversario, “La Tierra de Letras saluda a la Tierra de Letras”, está compuesto por el testimonio de varios viajeros que, tras vagar por los inconmensurables océanos de Internet, echaron anclas en Letralia y se sentaron con nosotros alrededor del fuego.
Once años después de su primera edición, Letralia puede desprenderse de la modestia y ostentar su más de centenar y medio de ediciones, sus libros digitales, su presencia como enlace en más de trescientos mil recursos a nivel mundial y, lo más importante, el trabajo sostenido que nos ha permitido reunir en un solo lugar las letras y el bagaje de más de mil trescientas personas que expresan sus sueños en español. Es con ellos, y con los miles de lectores que nos han seguido todos estos años, con quienes esta noche compartiremos el calor, el cielo y la tierra de la Tierra de Letras para alzar nuestras copas y, prestos a la ebriedad, brindar al unísono: ¡Salud!