Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 21, del 7 de abril de 1997
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Derivas de un náufrago
Javier Espada
Los juegos de palabras, el ardor de los espejos, los espejos, la sombra de
los cuerpos en las noches de luna llena, los círculos de los recuerdos, el
mar, los metales, la alquimia, la textura de la música, los arrabales de
calles nocturnas de gentes noctámbulas, las montañas donde las rocas
gesticulan almenas, los árboles en la raya del horizonte que se sueñan
quimeras, el ardor de las brasas, el abrazo del agua, las grietas de la
realidad, el lento empuje del tiempo que no sólo deja sus huellas en las
fotografías, las montañas que ignoran ser fronteras en los mapas, la
ignorancia que sabe a olvido y nos envuelve, la vida que confluye en
nuestro entorno, los escritos que no leemos, los paisajes que no hemos
pisado pero que sentimos que existen, el alba que exhala algo eterno, los
planetas, los laberintos, el fuego secretamente mudo que encierra el
carbón, las huellas, los parajes que el viento temporal va lamiendo como a
nuestro cuerpo, los pasos del tiempo entre el sueño y los sueños, el color
ensangrentado del ocaso, las nubes que fingen olimpos y literaturas, el
despertar con ese sabor a huida, a algo que se nos pierde, los volcanes,
sueños terrenos de ser estrella, los abismos del mar, donde viven fantasías
que nadie se atreve a sacar a la luz, la ceniza que alberga muertes y
esperanzas, el hombre que no entiende la inmoralidad de la naturaleza, el
mar arrogante que devora a los hombres, el hombre que juega a crear leyes
en el aire y a infringirlas, los rayos que gritan tan fuerte que ciegan,
las mentiras compartidas, la ciencia que esconde su vergüenza bajo las
fórmulas y las máquinas, la guerra que obliga a los hombres a interpretar
una tragedia y los devora, el frío y sus fuegos inversos, el amor que se
busca para encontrarse y el que se busca para perderse, las leyes que no
impiden la gangrena pero donde la violencia es legal, el arte que diviniza
al hombre, el trabajo que abreva de la sangre de la vida, la religión que
vende paraísos y promete esperanzas y jueces y cárceles para convencernos
de que el mundo es perfecto, la prostitución de la ciencia, la hipocresía
diplomática, la reducción del hombre a ciudadano, los ecos de las bombas,
los muertos por las balas, las horcas, las guillotinas, los calabozos y el
mal, la uniformidad, las utopías manchadas de sangre, los hábitos con
restos de esperma, los que ordenan, los que obedecen, el poder y la
impotencia, el deseo que aprieta y obliga, la necesidad de creer y las
necedades que inventa, el olor de las carnicerías, la libertad de presión,
la ambición, los presos que se ignoran, las libertades condicionadas, los
profetas de la historia, la fe en el progreso, los que creen que no
obedecen, la impunidad de los mayores delitos, el oficio del verdugo, la
verdad que exige fe, la moneda que aplaca la conciencia, los que se fingen
aun en soledad, el miedo que da risa, los laureles, el tedio, la voz que se
atribuye al diablo, el olor de la pólvora, la vergüenza ajena, el humo, la
inutilidad, el oro, el sufrimiento que es una forma de vida, la enfermedad,
la nostalgia, el cansancio de ser hombre...