Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 25, del 2 de junio de 1997

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Borges en Estonia

Susana Artal

La recepción de la obra de un escritor fuera de las fronteras de su país y, más aún, de las fronteras de su idioma, forma parte de los complejos capítulos de la historia de los fenómenos interculturales. Una historia en la que inciden factores tan diversos como la geografía, la política e incluso los imprevisibles y poderosos designios del azar. No obstante, no puedo sino adherir a las palabras de Jüri Talvet —profesor titular de Literatura Comparada de la Universidad de Tartu— cuando afirma: "Es mi fuerte convicción que la gran cultura mundial —a pesar de posibles retrasos— siempre llega a sobrepasar las fronteras nacionales y entra en la conciencia universal" (1). La historia de la recepción de la obra de Jorge Luis Borges, en una tierra tan poco conocida para nosotros como Estonia, parece confirmarlas plenamente.

Para empezar a relatarla, repasemos rápidamente algunos datos. La actual República de Estonia limita al oeste con Rusia y al sur con Letonia. Las aguas del Báltico separan a este país —de alrededor de 45.000 km2 y un millón y medio de habitantes— de Finlandia. La historia de Estonia parece signada por la sucesión de diversos períodos de dominación extranjera. Desde el siglo XIII, daneses, germanos, polacos y suecos se sucedieron hasta la anexión al imperio ruso en el siglo XVIII. En nuestro siglo, luego de la Primera Guerra Mundial, Estonia gozó de un breve período independiente (1920-1941), pero la Segunda Guerra Mundial trajo consigo la ocupación alemana (1941) y la anexión a la URSS en 1944, situación que concluyó el 20 de agosto de 1991.

La apretada síntesis de tan accidentadas vicisitudes históricas resulta indispensable para comprender el problema de la recepción de Borges en Estonia. Toda dominación política de un país sobre otro tiene un correlato lingüístico: la imposición —más o menos coercitiva— de la lengua de los dominadores. Este factor condiciona indudablemente una cuestión crucial para los problemas de recepción literaria de autores extranjeros: el problema de la traducción. Si consideramos que hasta 1919 en la Universidad de Tartu —fundada en 1632— la enseñanza no se impartía en estonio sino en alemán primero y luego en ruso, no nos extrañará saber que las primeras traducciones al estonio de textos castellanos aparezcan recién en nuestro siglo, en la década del 30, o que la traducción completa del Quijote sólo se conozca en Estonia entre 1946 y 1947.

Estos parámetros culturales nos permitirán interpretar la importancia que tiene el hecho de que tres volúmenes de cuentos de Jorge Luis Borges: "El jardín de los senderos que se bifurcan", "Ficciones" y "Aleph" hayan sido traducidos al estonio (2). Para dimensionar adecuadamente este dato, recordemos que sólo dos autores latinoamericanos, acreedores ambos del prestigio internacional de haber obtenido el Premio Nobel —Gabriel García Márquez y Pablo Neruda— poseen tres volúmenes de obras traducidas a esta lengua. Pero, ¿cómo y cuándo llegó la obra de Borges a Estonia?


El introductor y traductor de Jorge Luis Borges en Estonia se llamó Ott Ojamaa. Este profesor de la Universidad de Tartu, recientemente fallecido, se especializó sobre todo en filología francesa (única rama de la romanística que se enseñaba regularmente), pero tradujo también importantes obras del español al estonio como "Doña Bárbara" de Rómulo Gallegos y un volumen de cuentos de Camilo José Cela.

En 1972, cuando el profesor Ojamaa traduce y prologa "El jardín de los senderos que se bifurcan", la obra de Jorge Luis Borges llega por fin a Estonia, superando no sólo las barreras geográficas y políticas, sino también las de una lengua que, por pertenecer a la familia fino-húngara, difiere de modo tan extremo de la del original. Cabe señalar que, probablemente, haya sido este también el primer volumen de Borges traducido y publicado en la Unión Soviética. Efectivamente, los datos que he podido obtener hasta el momento parecen indicar que el primer volumen de nuestro autor traducido al ruso debe haber sido el que, con el título "Prosa de varios años", publicó la editorial Raduga de Moscú en 1989. Cuatro años más tarde, Ojamaa publicó su traducción de "Ficciones".

La traducción de "Aleph" publicada en 1987, comprende seis cuentos menos que el texto original. La no inclusión de los cuentos "Abenjaacan el Bojarí, muerto en su laberinto", "Los dos reyes y los dos laberintos", "La espera" y "El hombre en el umbral" hacen pensar que el profesor Ojamaa debe haberse basado en alguna edición previa a la de 1952, en la que Borges agregó estos cuatro cuentos. Motivos de índole muy distinta deben haber llevado a que se omitieran los otros dos cuentos que faltan. Es casi seguro que "Deutsches Requiem" y "La escritura del Dios" fueron omitidos para evitar problemas de censura ideológica.

Una selección de la literatura universal, desde los textos bíblicos hasta García Márquez (3), editada recientemente, reproduce "La biblioteca de Babel", en la traducción de Ojamaa. La revista Vikerkaar (Arco Iris), en su ejemplar 1-2 de este año, ha hecho conocer fragmentos del "Manual de Zoología Fantástica", traducidos por Ruth Lias.

La recepción de la obra poética de Borges ha sido, naturalmente, mucho más limitada. En 1980, una selección de poesía extranjera traducida al estonio por un destacado traductor e intelectual (4), Ain Kaalep, director de la revista Akadeemia, incluyó cuatro poemas de "El otro, el mismo" ("A un poeta menor de la antología", "Fragmento", "El forastero", "Elegía"), uno de "El hacedor" ("Arte poética") y otro de "Elogio de la sombra" ("El guardián de los libros").

En 1993, la revista Akadeemia, en su número 6, dio a conocer tres poemas más, también de "El otro, el mismo": "Everness", "Ewigkeit" y "Alguien", cotraducidos por Ain Kaalep y Asta Poldmaee. La revista Vikerkaar, en 1995, publicó entre las muestras de cuatro poetas latinoamericanos (César Vallejo, Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges), el poema "El desterrado", traducido por Jüri Talvet, quien en esa ocasión escribía:

La prosa del argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) (...) es un fenómeno tan trascendente en la literatura universal que ni siquiera el hecho de no haberle sido otorgado el premio Nobel a su autor puede disminuir su significación. (...) Pero Borges era también un poeta destacado. Ya a partir de los ejemplos traducidos por Ain Kaalep (...), se puede intuir la magia melancólica de la fusión de su mitología real e imaginaria; que se lea, por ejemplo, "El guardián de los libros", que consagra y perpetúa el mundo espiritual frente a la caducidad terrenal. Sin embargo, Borges tenía otra pasión más oculta, la de caer fuera de todo lo consagrado, la de hacerse por un instante sin peso, una nada que, a modo de compensación, es libre, llena de amor, en el trasfondo obsesivo de los sistemas que se construyen y se descomponen.
La creación de cursos regulares de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Tartu, que comenzaron a impartirse en 1993/4, ha introducido el estudio de la obra de Borges en las aulas universitarias estonias. Sin duda, esa circunstancia permitirá que su obra —como todas las grandes obras de la cultura universal— concrete el milagro de seguir estableciendo diálogos que superan los límites políticos, geográficos, lingüísticos y, por supuesto, los de la vida biológica de su autor.


Notas:

  1. Jüri Talvet, "El Hispanismo en Estonia", Opuscula Instituti Iberoamericani Universitatis Helsingiensis, Helsinki, 1993, p. 3. Regresar.

  2. Los tres volúmenes, editados en Tallinn por la editorial Loomingu Raamatukogu, llevan los siguientes títulos: "Hargnevate teede aed" (1972), "Kunsttükid" (1976) y "Aleph" (1987). Regresar.

  3. Jüri Talvet (comp.), "Maailmakirjanduse lugemik keskkoolile" ("Antología de la literatura universal"), Tallinn, Koolibri, 1993. Regresar.

  4. Ain Kaalep (trad. y comp.), Peegelmaastikud, II. Tallinn, Eesti Raamat, 1980. Regresar.


       


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Depósito Legal: pp199602AR26 • ISSN: 1856-7983