“La literatura persiste en su aspiración a la verdad”, dijo el escritor argentino en un discurso en el que habló acerca de la tensión entre historia y experiencia, entre información y narración.
El pasado martes 2 de agosto se hizo entrega de la XVII Edición del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos a la obra Blanco nocturno, del escritor argentino Ricardo Piglia, quien lo recibió del ministro venezolano de Cultura, Pedro Calzadilla, en una ceremonia celebrada en la Sala de Teatro 1 de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), en Caracas.
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Luego de las palabras del presidente de Celarg, Roberto Hernández Montoya, se realizó el bautizo de la edición venezolana de Blanco nocturno y la entrega del certificado, como ganador del XVII Premio Rómulo Gallegos, a Ricardo Piglia.
Piglia ofreció un discurso enalteciendo en un principio a Antonia Cristina, una de las madres de Plaza de Mayo cuyos hijos, Eleonora y Roberto, quienes habían sido amigos del escritor, engrosaron las listas de desaparecidos de la dictadura. “Antonia empezó a decirme que eran tantas las mentiras que ella discutía con el televisor, veía las noticias, los programas políticos y les hablaba y los rebatía, sola, en esa casa en Buenos Aires. Cualquiera de nosotros puede imaginar esa mujer, perdida en la ciudad, respondiendo a la avalancha de noticias y comentarios que repetían las cínicas versiones de la dictadura militar sobre la realidad”.
Piglia repitió con nostalgia las palabras que Antonia dijo esa tarde: “A veces le pido a Dios que me dé un minuto, solo un minuto en televisión para decir cómo son las cosas, todas las noches repaso y ensayo lo que podría decir en un minuto”.
El autor explicó que lo que aquella mujer decía es en Argentina una verdad aceptada, que la versión de los vencidos, de los humillados y los tristes, citando a Roberto Arlt, ha logrado tarde o temprano hacerse oír.
Además hizo referencia a la tensión entre historia y experiencia, entre información y narración: “Muchas veces he imaginado que si, por un procedimiento mágico, pudiéramos tener a disposición todos los relatos que circulan en una ciudad en un día, sabríamos más sobre ese lugar que analizando informes políticos, noticias, encuestas, estadísticas o recibiendo el discurso de los medios”. Aseguró que esos relatos sociales son el contexto mayor de la literatura.
La historia y la narración funcionan para él como parte del entorno social y veraz de la vida. “¡Contáme!, es una de las grandes exigencias sociales”, participó Piglia al público.
El novelista acreditó al viajante, al investigador, al escritor joven y al relator oral, como narradores en potencia, pues decide que descifrando se construye un relato. Para él la narración es una de las formas originales de usar el lenguaje, explica: “La literatura persiste en su aspiración a la verdad, y la verdad la justifica”.
El acto contó también con las palabras de Pedro Calzadilla, ministro de Cultura, y finalizó con un acto de la Compañía Nacional de Danza, que representó la obra Cara o cruz, del coreógrafo cubano Jorge Abril, con música de Guido López Gavilán y la Camerata Romeo, estrenada en 2011, y Faldas, estrenada en 1986 por la coreógrafa Alice Dotta de Venezuela y la música de Alex de Grassi.
Fuente: Celarg