Guillermo Enrique Hudson
Guillermo Enrique Hudson.

El fuego y los caballos

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El efecto fascinante y confuso que ejerce sobre los animales la aparición del fuego durante la noche es un tema de interés; y aun cuando probablemente no haya muchas novedades que queden por decir, me siento tentado de agregar aquí el resultado de mi propia experiencia.

Viajando de noche, con frecuencia he sido sorprendido por el comportamiento de mi caballo ante la vista de un fuego natural, o apariencia de fuego, siempre distinto del causado por la visión del fuego creado artificialmente. El reflejo firme que se filtra a través de una ventana o puerta de una casa lejana, o aun la llama oscilante de una fogata solitaria, sólo han servido para avivarlo y despertarle el deseo de alcanzar el lugar cuanto antes; mientras que esas explosiones ígneas poco frecuentes que a veces la naturaleza exhibe, tales como los relámpagos, los fuegos fatuos o aun una nube de luciérnagas, les produce siempre un efecto desasosegante.

Evidentemente, la experiencia les ha enseñado a los caballos domesticados a distinguir un fuego manipulado por el hombre de todos los demás, y conociendo sus orígenes, es tan capaz como su jinete de avanzar hacia él sin experimentar esa confusión o duda mental que le causa un repentino resplandor en la oscuridad, cuyo origen y naturaleza le resultan misteriosas. El fuego artificialmente encendido representa para el caballo la posible meta de su viaje, y se le asocia con el descanso y la comida. Por regla general, los animales salvajes, por lo menos en las zonas poco pobladas, no conocen el significado del fuego; tan sólo excita su curiosidad y también su temor, y se inquietan al ver los fuegos que el hombre enciende, los cuales son más brillantes y estables que la mayoría de los naturales. Nos es posible comprender esta sensación animal dado que nosotros mismos experimentamos algo similar (aun cuando en menor grado y no asociado con el temor) en cuanto al efecto que nos provoca un resplandor, tanto de día como de noche.

Hudson, Guillermo Enrique. Un naturalista en el Plata. Buenos Aires: Libros de Hispanoamérica, 1984.