Len Howard
Len Howard.

El herrerillo

Comparte este contenido con tus amigos

Los herrerillos tienen tres canciones principales; una de ellas cantada frecuentemente con un vuelo deslizado que se parece al patinaje aéreo del zarcero. Las canciones varían mucho en los detalles según los individuos; creo que la menos conocida es la que llamo tonada del pequeñuelo, pues generalmente se supone que los herrerillos sólo tienen dos canciones. Esta tonada se compone del grito de dos notas del pajarillo, repetido a veces alegremente y unido con muchos ritmos variables, cuya longitud difiere de acuerdo con el patrón rítmico. Produce el efecto de un rondó de muchos grititos de polluelos que se suceden y sobreponen. Los pájaros son padres abnegadísimos y a causa de su viveza y emotividad manifiestan más júbilo y excitación en la época del celo que las otras especies. Al oír esta canción del herrerillo, cantada a toda voz desde la copa del árbol más alto a la vista del nido donde su hembra empolla, parece que desborda de alegría mientras teje una música jovial con las notas que emitirá pronto la esperada cría. Cuando los pequeños nacen no reanuda este canto.

Cuando vuela, su estado de ánimo es distinto. Extiende sus alas y flota hacia abajo arrebatadamente mientras desgrana un surtidor de centelleantes notas. Algunos de estos pájaros tienen más de tres canciones. Ambos sexos poseen muchas notas de llamada y una de enojo que se oye mucho si algún extraño se acerca a su nido. El macho usa también una especie de deslizamiento aéreo sin canto —conocido por el “vuelo fantasma”—, pero he observado que algunos le ponen música a dicho vuelo, aunque a menudo canten esta misma sin volar.

(De Len Howard, Los pájaros y su individualidad. México: Fondo de Cultura Económica, 1955. Breviarios, 102).