Michelangelo Buonarotti: Baigio de Cesena como Minos
Michelangelo Buonarotti: Baigio de Cesena como Minos.

Vindicación de Minos

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Ordenóles el oráculo que aplacasen a Minos1 y se reconciliasen con él, que con esto se apaciguaría la cólera divina y respirarían de sus males; enviáronle, pues, mensajeros, e hiciéronle ruegos, y pactaron, según que en ello convienen los más de los escritores, que por nueve años le enviarían en tributo siete mancebos y otras tantas doncellas. Llegados a Creta estos jóvenes, las fábulas trágicas nos dan a entender que eran en el laberinto despedazados por el Minotauro,2 o que perdidos en sus rodeos, y no pudiendo acertar con la salida, allí perecían; y que el Minotauro era, como la expresa Eurípides,

Monstruosa prole de biforme aspecto;
y que había nacido
De toro y hombre con mezclados miembros.

Mas Filócoro dice que los cretenses no admiten esta narración, sino que dicen que el laberinto era una fortaleza, sin tener otra cosa de malo que el no poder los presos huir de ella; y como Minos celebrase combates solemnes en memoria de Androgeo,3 a los vencedores les entregaban por premio aquellos jóvenes, custodiados hasta aquel punto en el laberinto; y en los primeros combates quedó vencedor un cretense, que tenía el mayor valimento con Minos y era su general, llamado Tauro, hombre nada suave y blando de carácter, que trataba con altanería y crueldad a los jóvenes atenienses. El mismo Aristóteles, hablando del gobierno de los boteos, manifiesta bien claramente no haber creído nunca que Minos hubiera dado muerte a aquellos jóvenes, sino que hasta la vejez quedaron en Creta como jornaleros. Ocurrió después que cumpliendo los cretenses un voto antiguo, enviaron a Delfos las primicias de los varones, y entonces pasaron allá también mezclados los descendientes de aquéllos; mas como no les fuese posible ganar allí su vida, primero se trasladaron a la Tracia, y tomaron el nombre de boteos; de donde proviene que las doncellas boteas, celebrando cierto sacrificio, entonan este cantar: “Vámonos a Atenas”. Y en verdad que debió tenerse por muy expuesto ponerse mal con una ciudad que tenía voz y letras; así es que Minos siempre ha sido desacreditado y maltratado en los teatros áticos, cuando no se detuvieron en llamarle Hesíodo muy regio, y Homero familiar del mismo Júpiter; pero tomándole por su cuenta los compositores de tragedias, por medio de la poesía y de la escena le cubrieron de ignominia como hombre fiero y violento; siendo así que por otra parte es comúnmente sabido que Minos fue rey y legislador, y Radamanto4 juez y celador de las rectas determinaciones de aquél.

(De: “Teseo”, en: Plutarco, Vidas de varones ilustres, IV, Buenos Aires; Rodríguez Hnos., 1939).

 

Notas

  1. En la leyenda griega, rey y legislador de Creta. Era hijo de Zeus y de Europa y marido de Pasifae, hija de Helios y madre del Minotauro. Mientras algunos relatos lo representan como un monstruo de crueldad, otros lo celebran como gran monarca, que hizo de Creta una potencia marítima, limpió de piratas aquellos mares y con una sabia legislación fomentó el bienestar de sus súbditos. Después de muerto fue uno de los jueces que juzgaban a los difuntos en el Hades o infierno. (Diccionario enciclopédico abreviado Espasa-Calpe, 1957, V, 907).
  2. Llamado también Asterio; según la mitología griega, monstruo mitad hombre, mitad toro, hijo de Pasifae y del toro que Poseidón envió a Minos. Encerrado en el célebre Laberinto, se alimentaba con los jóvenes que anualmente debían proveer los atenienses. Teseo lo mató con ayuda de Ariadna (Rubio Egusquiza, Manuel, Diccionario de la mitología clásica, Buenos Aires: Librería del Colegio, 1947, 157).
  3. Hijo de Minos y de Pasifae,  célebre —dice el mito griego— por su fuerza prodigiosa. Egeo lo hizo matar celoso de su nombradía; Minos vengó la muerte marchando sobre Atenas y Megara e imponiendo un tributo anual de jóvenes que eran arrojados al Minotauro (Rubio Egusquiza, Manuel, op.cit., 26).
  4. Rey de Licia y legislador de Creta, hijo de Júpiter y de Europa y hermano de Minos. Casóse con Almena, madre de Hércules, y enseñó a éste a manejar el arco. Después de su muerte, los dioses premiaron su equidad haciéndole rey de los infiernos juntamente con Minos y Éaco (Diccionario de la lengua española Espasa-Calpe, 1957, VI, 900).