GoetheGoethe y las nubes

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Dice Gaston Bachelard:1 Hay una página de Goethe que nos brinda un análisis detallado de la imaginación de las nubes. Tras largas reflexiones acerca de la obra del meteorólogo inglés Howard, parece que el poeta quiere unirse a la naturaleza mediante la inspiración poética. Estrato, Cúmulo, Cirro y Nimbo van a darnos cuatro imágenes directas, vividas en una psicología ascensional evidente.

 

Estrato

Cuando, del tranquilo espejo de las aguas se eleva una niebla y se despliega en un lamento continuo, la luna, asociada al ondulante fenómeno, parece como un fantasma creando fantasmas: entonces, oh naturaleza, somos todos, lo confesamos, unos niños regocijados y divertidos. Después, se eleva contra la montaña, reuniendo capa sobre capa, se ensombrece a lo lejos la región intermedia, dispuesto a caer en lluvia o a subir en vapor.

 

Cúmulo

Y si la imponente masa es llamada a las alturas de la atmósfera, la nube se detiene en magnífica esfera; anuncia, con su resuelta forma, el poder de acción y, lo que teméis e incluso lo que sentís, pues arriba está la amenaza y abajo el estremecimiento.

 

Cirro

Pero el noble impulso le hace subir más aun. Una fácil y divina restricción es su libertad. Un montón de nubes se dispersa en copos, semejantes a ovejas saltarinas, multitud levemente peinada. Así, lo que nació aquí abajo, dulcemente, transcurre allá arriba sin fin en el regazo y la mano del padre.

 

Nimbo

Y lo que se ha amontonado allá arriba, atraído por la fuerza de la tierra, se precipita con furor de tormentas y se dispersa como legiones. Pero elevad vuestras miradas con la imagen: la palabra desciende, porque describe; el espíritu quiere subir allá donde mora eternamente.

 

Observaciones

Y cuando hayamos distinguido, debemos prestar a la cosa separada los dones de la vida, y gozar de una vida continuada.

Si, por tanto, el pintor, familiarizado con el análisis de Howard, en las horas diurnas y nocturnas, contempla y observa la atmósfera, deja subsistir el carácter, pero los mundos aéreos le dan los tonos suaves, matizados, para que los capte, los sienta y exprese.

 

  1. Gaston Bachelard, El aire y los sueños. Ensayo sobre la imaginación del movimiento. Traducción de Ernestina de Champourcin. México. Fondo de Cultura Económica, 1943. Breviarios, 139.