Isabella d’Este
Retrato de Isabella d’Este por Leonardo da Vinci, pintado entre 1499 y 1500. Se encuentra en el Museo del Louvre, en París.

El ajedrez y la familia d’Este

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En la Italia del Renacimiento el ajedrez fue particularmente un juego de sociedad, propio del refinamiento de las costumbres de las clases cultas y de la nobleza. Jugar al ajedrez o resolver problemas era entonces una distracción del espíritu, así como la lectura de los grandes poetas, la música, el baile o las conversaciones galantes.

Un caso notable es el de la familia d’Este, soberana de los ducados de Ferrara, Módena y Reggio y tradicionalmente protectora de las artes y de las letras, muy conocida también porque casi todos sus miembros fueron grandes aficionados al ajedrez.

El duque Niccolò III d’Este no sólo acostumbraba a jugar con el entonces famoso ajedrecista Mangiolino, sino que tenía valiosos manuscritos de ajedrez en su biblioteca, todo lo cual hizo que con el tiempo su ejemplo se transformase en una costumbre familiar. Borso d’Este, primer duque de Ferrara, se aficionó tanto al juego que Gilio de’Zelati, compositor natural de Faenza, le dedicó un pequeño manuscrito sobre temas de ajedrez que todavía se conserva. Pero el más apasionado de todos fue seguramente Ercole II, uno de los más famosos coleccionistas de libros de su tiempo, cuya biblioteca estaba abarrotada de obras ajedrecísticas que sus agentes le enviaban desde todas partes. Y se dice que Alfonso II d’Este llegó hasta el extremo de fabricarse él mismo piezas de ajedrez para jugar... ¡y no seguramente porque le faltaran!

Las mujeres de la familia d’Este, como Lucrezia, Eleonora e Isabella, también le dedicaron mucha atención al juego. Isabella, luego duquesa de Mantua, culta y refinada dama renacentista cuya belleza inmortalizó Leonardo da Vinci, era bastante entendida en temas de ajedrez y en 1511 se hizo cincelar un juego en ébano y marfil para diferenciar de una manera más natural el color de las piezas, que habitualmente solían teñirse de rojo y de verde.

En aquel tiempo el matemático Luca Pacioli (1445- c. 1509) escribió un tratado de ajedrez dedicado al duque de Mantua, Francesco Gonzaga, y su esposa Isabella d’Este. El manuscrito era tan pequeño como de de extenso título y se insinúa que en la confección de esta obra podría haber colaborado el mismo Leonardo da Vinci, quizá porque se sabe que era muy amigo del autor. Pero aun reconociendo que un genio universal como el de Leonardo da Vinci era capaz de asumir cualquier empresa, supongo que esta debe ser nada más que una especulación histórica, sobre todo si consideramos que dicho manuscrito se ha perdido.

Una obra importante que, al parecer, fue también dedicada a Isabella d’Este, es el manuscrito titulado “De Ludis” (“Sobre los juegos”), de otro famoso matemático de aquel tiempo, el hermano franciscano Luca de Santo Sepolcro, pero este libro tampoco se ha conservado, por lo menos íntegramente.

Por lo tanto, la única obra a la que se puede hacer referencia teniéndola a la vista es el ya mencionado Códice de Gilio de’Zelati. Se trata de un pequeño manuscrito de 26 folios en pergamino, escrito entre 1450 y 1470, con 23 posiciones de problemas que el autor llama “partidos” y aunque él declare que (algunos) son “facti e composti da me...”, no es difícil hallar los antecedentes cuando no la misma obra en otros manuscritos que le precedieron.

Los partidos están presentados en grandes diagramas trazados con líneas rojas, pero no escaqueados, y las piezas están pintadas en rojo y en verde, con detalles en blanco o negro sobre cada color. Entre las advertencias del autor, antes de comenzar los juegos, se destaca una que se refiere a la sistematización del enunciado: “...cuando diremo la rossa va a dare a la verde scacco matto, si intende che la rossa sempre giochi prima, non facendo menzione in contrario”.

(De: Caputto, Zoilo R. El arte del estudio del ajedrez. Madrid: Eseuve, 1992)