Jean CocteauCocteau habla de sus contemporáneos

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Perfecto músico de aldea. Así definía Nietzsche a Schubert. Así definiría yo a Apollinaire, jefe del lied, entre Heine y Rilke. Y ello se explica, tal vez, por su costumbre de tararear los poemas mientras los escribía.

 

Cierto día en que yo estaba enfermo, (Picasso) me envió un perro recortado de una sola pieza en el cartón y tan felizmente doblado que se sostenía sobre sus patas. Me encontré mejor de inmediato. Desde entonces, comparo mi perro con Petit-Cru, el perro-hada de Isolda.

 

Max Jacob jamás tuvo la debilidad de seguir las modas que lanza. (Cuántos ejemplos conocemos de coquetas que imitan a sus hijas y de las que sus hijas se burlan.) Por ello sabe de ingratitudes.

Saludemos su nobleza y, ustedes sabrán disculparme, su corazón en flor, su corazón en carne viva, invisible para quienes no merecen ver milagros.

Me gusta imaginar a mi amigo, con levita, de rodillas, en una iglesia de Bretaña, donde los barcos vuelan.

 

(A Proust) lo veo entre las fundas de los muebles. Las había cubriendo la lámpara y los sillones. La naftalina sembraba estrellas en la sombra. Él se erguía contra la chimenea del salón de aquel Nautilus como un personaje de Julio Verne, o bien, junto a un marco que el crespón enlutaba, de frac, como Carnot muerto.

Cierto día, anunciado al teléfono por la voz de Céleste, vino a buscarme a las tres de la tarde para que le acompañara al Louvre a ver el San Sebastián de Mantegna. Esa tela ocupaba, entonces, un lugar en la sala de Madame Riviére, de Olympia, de Baño turco. Proust tenía el aspecto de una lámpara encendida en pleno día, del timbre de un teléfono en una casa vacía.

 

La fortuna de (Raymond) Roussel le permite vivir solo, enfermo, sin la menor prostitución. Su riqueza lo protege. Puebla el vacío. Su obra no tiene una sola mancha de grasa. Es un mundo suspendido de elegancia, de hechizo, de miedo.

 

Decir que Jean Desbordes es puro sería absurdo. Es previo al mal. Pronuncia con acento campesino el lenguaje del sueño.

 

La influencia de Miró sobre los primeros dibujos animados: El Gato Félix.

 

Para operarla, Chirico duerme a Venus con cloroformo.

Chirico, o el lugar del crimen.

Chirico es, también, la hora del tren.

 

Salvador Dalí no tiene elección; vive en un mundo cerrado.

(De: El secreto profesional y otros textos. Prólogo de Jorge Luis Borges. Buenos Aires: Hyspamérica, 1986. Biblioteca personal Jorge Luis Borges, 49).