Roberto Arlt
Roberto Arlt.

Una crónica policial de Roberto Arlt: suicidio ante la tumba

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Hoy, una anciana de 71 años se suicidó ante la tumba del esposo. Deja una carta expresando que después de mucho luchar resuelve dar fin a su triste vida. Pide que no molesten a su único hijo que fue como un padre para ella porque le dio de comer.

Una mujer anciana, de 71 años de edad, se ha suicidado esta mañana en el cementerio del Oeste, ante la tumba de su esposo. Para consumar su trágico propósito, la desventurada viejita ingirió una fuerte dosis de cianuro de potasio, el maldito veneno de moda, cuyo expendio no parecen dispuestas a restringir las autoridades, pese a que la crónica diaria registra tantos y tantos sucesos dolorosos, motivados muchos por la gran facilidad con que se adquiere y se ingiere el tóxico.

Hoy, antes del mediodía, penetró al cementerio de la Chacarita, por la puerta de la calle Gurruchaga, una viejita humilde, llevando un pequeño ramo de flores y un paquete, a una tumba distante un centenar de metros de la entrada. Después de arreglar el nicho, cambiar el agua de los tiestos y colocar las nuevas flores, se la vio sentarse en la tumba y llorar silenciosamente. A nadie se le ocurrió pensar que la aflicción de la anciana obedeciera a otras causas que al dolor por alguna reciente muerte. Nadie, pues, pensó en ir a molestarla. Pasando el mediodía, y aun cuando ya mucha gente de la que habitualmente concurre al cementerio, se retiraba, la anciana permaneció frente a la tumba, ya más serena.

A las 13 horas, las autoridades de la seccional 29 recibieron la comunicación de que en el cementerio, sección 8ª, manzana 9, sepultura 30 del tablón 10, se hallaba caído el cadáver de una mujer anciana.

En el acto trasladáronse al lugar el subcomisario Valerga, acompañado del oficial inspector Gómez, quienes hallaron allí a un cabo de la seccional que ya estaba tomando las providencias del caso.

Se comprobó, por el relato de varios testigos, que era la misma viejita que había llegado a la mañana a arreglar y llorar sobre la tumba. Junto al cadáver, la policía halló un frasco conteniendo rastros de cianuro de potasio, el tóxico que la suicida había ingerido, falleciendo instantáneamente.

Sobre la tumba, que está ocupada por los restos de Domingo Comune, fallecido el 12 de julio de 1924, se halló la siguiente carta:

A mi hijo Fernando no lo molesten. Él ha sido el que me dio de comer, y fue para mí más que un hijo, un verdadero padre, en mi soledad y miseria. Pido a Dios que me perdone este paso. Estoy cansada de luchar. Llevo tres meses de lucha. Por esto resuelvo mi fin (Fdo.) Gregoria C. de Comune.

Por otros papeles hallados en la cartera de la suicida, pudo establecerse que el nombrado hijo Fernando vive en la calle Méjico 4361, y que en esa casa habitaba también la madre. Fundadamente, créese que las causas del suicidio se deben a la miseria, aunque bien fuera posible que a alguna enfermedad incurable padecida por la suicida. Se instruye sumario y se ha dado cuenta al juez doctor Lamarque.

El cadáver fue trasladado al local de la seccional.

(Diario Crítica, página 6, 23 de marzo de 1928).