Alfonso de LamartineAdvertencia de Lamartine en El manuscrito de mi madre

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Una circunstancia exclusivamente doméstica, que es inútil dar a conocer al público, ha hecho entregar este corto manuscrito a la imprenta. De intento y por su naturaleza, estaba destinado a permanecer manuscrito. Debía formar parte, a lo más, de aquellos archivos íntimos de familia, que ligan de nuevo a la generación que vive con la generación desaparecida. Manuscrito que los hijos, los nietos y los sobrinos encuentran de nuevo, algunas veces, en el cajón polvoriento de un viejo mueble rústico y lo hojean para su edificación durante las largas horas ociosas de un domingo otoñal.

Ya que ha escapado, a pesar nuestro, de la penumbra de un rincón doméstico, y va a caer, pese a todo, bajo miradas indiferentes o distraídas, hacemos la advertencia de que lo dedicamos únicamente a la familia de aquella hermosa, tierna y devota madre, que desahogó en estas páginas toda la ternura de su corazón, sin prever que la faltaría el tiempo para quemarlos en la última hora de su vida.

Rogamos a los demás que no lo lean, porque no encontrarán en él nada de lo que buscan en un libro. Este manuscrito sólo tiene interés para aquellos a quienes esta virtuosa mujer ha transmitido una gota de su sangre o un parentesco de su alma.

Añadamos aquí a algunos amigos, que viven todavía en el país que ella habitó, los antiguos servidores, que no pronuncian su nombre sin llorar de nostalgia, y algunos aldeanos de las chozas vecinas, que bajan de la montaña en peregrinaje los días de oración, y cuyas pisadas han impedido, desde hace veinte años, a la hierba de los muertos crecer en el camino que conduce a su tumba.

Saint-Point, 2 de noviembre de 1858.

(De: Alfonso de Lamartine. El manuscrito de mi madre. Traducción directa del francés de A. Javier Peralta. Buenos Aires: Sopena, 1943. Colección Universo).