Selva negra, Feliciano Carvallo
XXXI

En él,
el inexistente
tintero
de dormidas
han despertado
las poesías
que lejos
había olvidado.

Salieron de un río
como árboles
enraizados
extendiendo sus ramas
como manos
buceando el sol.


XXXII

Aquel muchacho,
de ojos perdidos
en los acordes
de la melancolía,
despertó un día
y pudo ver
cómo surcan en sus manos,
los años,
que no en vano,
ya habían pasado.

Despertó entonces
y reconoció el día
el que vio
a través de una sonrisa,
y supo
al fin
que era libre
para serlo,
y así como el sol
nos trae
la noche, el día y la tarde
se fue
a la vida
con toda la vida puesta.


XXXIII

Dime dónde,
a dónde vas
por la pregunta,
por la respuesta,
dime
dónde buscas solución
tan compleja
dime
viento del sur
en el que corriente
abrumadora
lograré
resolver
invencible cuestionario;
rocío de la mañana
cuéntame,
dime
dónde buscas,
dónde encontraré
porqué,
el porqué
que preciso hallar.


XXXIV

En el instante
que en sí mismo
se volvió eterno,
tu sonrisa tomó el cielo
y fue estrella
que da luz a Venus,
fue mar
y me envolvió
entre su espuma,
fue tierra
que germinó
un corazón seco
dando
a las estrellas
como fruto
una canción.