XXV
Salí un día a caminar
como quizá otras veces,
sólo salí a caminar.
Mis pasos buscaba
sin darme cuenta,
los que ayer dejé por este camino
y, sin pensarlo,
conmigo me encontré,
volvía de algún lugar.
Pensé estar soñando,
impávido me observé por largo tiempo.
La emoción creó algunas preguntas
y respondiendo lo que yo sabía
solamente
por unas horas dialogué.
De pronto partí,
seguí mi camino hasta perderme de vista
Confusa agonía
revuelve mi corazón,
¿quién era yo?,
aquél que se perdió de vista,
quien su camino continuó,
ambos quizá
o solamente
el loco autor de estas
breves líneas.
XXVI
Pasando las horas
pasaban
y se iban tan pronto
tan lento como llegaban;
el teléfono
no sonaba...
Lejos escuché tu voz,
saliendo de algún lugar;
no digas nada,
deja que el silencio
hable por los dos.
XXVII
Mirándote
se hace mía
la eternidad
y entro,
olvidándome
del olvido
en el cielo estrellado
inundado
de rocío
que son tus ojos.
Deja que mi beso
se vuelva poesía,
déjame
que sonría
mirándote
mientras navego,
deja
que mis labios
rocen tu mejilla,
déjame
osar la travesía
de navegar
en el océano
de tu vida
XXVIII
Rocío,
que en la mañana
das
de beber
a los sedientos
geranios
perdidos
en el desierto de la noche,
que se cruzan
con los fantasmas
que buscan
descanso
al pie
de los días
que traes
de las noches sin estrellas,
regálame
un segundo de tu sonrisa
y déjame
hacerlo para ti eterno.
XXIX
Sobre tu cabello
el viento dibujó
una estrella,
la noche
le puso brillo
y tus labios
le dieron
un solo nombre;
es el resplandor de tus ojos,
el fulgor
de tu sonrisa,
es una suave brisa,
en una hermosa
noche sin prisa.
XXX
Deja
en derroche
la pasión
de un
eterno instante;
que derrame,
sin
tiempo
ni espera
el
océano infinito
de nuestras emociones.