VII
Miel derramada
sobre el plato
tendido,
dulce que al final
ni siquiera es mío.
Camino de veredas
que regresan
y árboles que
perdieron sombra
se conjugan
en la ilusión
de ver
nuestros ideales
regados
junto al río.
VIII
Algún día podré ser
aquel halcón
que vive, nace y muere
en mi corazón.
Podré ser
y volar
los rincones de mi vida
aún no encontrados,
que aún no han vivido.
Podré volar
y ser, libre,
sin preocuparme por el sol,
el viento, la tierra o el mar.
Podré elevar mi vuelo
hasta el infinito universo,
o descender en picada
como un fulminante rayo
hasta fundirme con la tierra
que me vio nacer.
Serán mías las estrellas
y las olas del mar,
y tú,
donde sea que estés,
mi guía, mi pan.
Ese día llegará,
aquel en que
mis alas serán las del sol
y mi destino, mi fin...
...el que vive, nace y muere
hoy en mi corazón.
IX
Yo estuve
en los años que han pasado
y no me recuerdan.
Yo estuve en tierra de incas,
entre ríos
y llanuras
que ya me han olvidado.
Yo estuve
en la tierra,
en el mar,
en playas
de todo el ancho
que ya no me reconocen.
Ahora
estoy en una extraña ciudad
que no recuerdo,
que he olvidado,
que no reconozco.
X
Tengo ganas de volver
aunque no me he ido;
quiero volver
aunque aún sigo acá;
necesito volver
a pesar de no haberme movido,
aunque me haya ido
para siempre.
XI
Hay un lugar
donde la libertad
se hace libre,
donde se encuentran las almas
que vayan
buscándose,
buscando unas líneas más;
un lugar desconocido
conocido por aquellos
solamente
que entre sueños
viajan a mundos
conocidos sólo por ellos.
Hay un lugar
donde la libertad
no tiene nombre
porque
la libertad es uno mismo,
la libertad
soy yo.
XII
No niegues tu realidad,
no reniegues tu verdad;
por tus venas corre la sangre
de tus raíces,
savia que arrastra historia
y te ata a ésta
como lo estás a la vida
y al futuro.
Tu sangre tiene un nombre,
el nombre de todas las sangres,
el nombre de todas las almas
con una misma raíz.
Tu sangre es el Perú.