XIII
Te leo Lima
y entre tus líneas
veo números
que dicen cosas tan distintas
de lo que hace 20 años
veía en ti.
Me dicen muchas cosas,
pero,
resumiendo,
me dicen que
te has convertido
en una mierda de tres coronas.
Conforme creces
te vas haciendo más pequeña
y no me dejas respirar.
Lima,
ciudad de sueños y señoríos,
de poesías
envueltas
y un barranco
entre la vida
y territorios de
basura;
Lima
de todo esto
enterrado en vida
y pisoteado
por los ambulantes
que profanan
tus repugnantes calles.
Lima miseria,
Lima esperanza,
amparada en un tenue chispazo
que busca el sol
cuando alguna vez logra abrirse paso
frente a las perversas nubes.
Lima,
capital de un país,
mi país,
que se escribe en otras líneas
que quizá sigan a estas;
no te vayas,
por favor no te quedes.
Quisiera escribir otras cosas
sobre ti,
cantar lo bella que eres...
...pero no puedo mentir,
ya no eres más
"la Ciudad Jardín".
XIV
No pierdas tus alas;
ábrelas y vuela,
vuela
que el cielo te espera,
espera
que surques sus aires
llevándolo de tu vuelo,
tu vuelo que puede alcanzar alturas
a donde muchos
nunca llegarán.
No cierres tus alas
no las pierdas;
ábrelas
y lánzate a volar.
XV
De su sueño despertó
con luz cegadora
sobre sus ojos.
No vio y empezó a avanzar,
aunque
al principio retrocedió
sobre un tropiezo.
Era yo,
abrí los ojos
y ahí estabas,
como estás ahora en mí;
y si allí
no supe mirarte
hoy entrego mi vida
por ser como tú
por vivir como tú.
Traté de ver el sol
a ojos cerrados,
pero ahora que ya los abrí
sé que eso ya pasó
y puedo buscarte,
buscar tu recompensa,
aunque las arenas del pasado
pretendan
tapar y ahogar
mi vida
con sus tenues dunas.
XVI
Suave tu piel
entre mis poesías
se mete,
se esconde,
hurga
con mi
consentimiento,
y tu corazón
se mete en el mío,
se adueña de él
convirtiendo
mi sed en tu sed,
mi hambre en tu hambre,
tu sueño en el mío,
mi vida en la tuya...
Tu suave piel,
tus dulces labios,
tu ardiente pasión,
tu temperamento de río
con vertiginosas corrientes
y mansas
riberas,
se meten en mis poesías
devolviéndome a ellas,
a la ruta olvidada
en la comodidad
del pan caliente,
de la mesa y la frazada
siempre a la mano.
XVII
Hoy el campo está listo,
es propicio el clima y,
aunque no llueve,
todo se presta
para que estas hojas
tengan ganas de llorar.
No es un llorar común,
no salen lágrimas,
sólo un lánguido
y silencioso grito
que ahoga en su bramar
todo el sentimiento,
toda la poesía
que trato de dejar por fin
acá.
XVIII
Me he alejado de mí mismo,
me dejé olvidado
en algún oscuro rincón,
ando buscándome
sin éxito
perdiéndome más
en mí mismo
o en donde pueda estar.
El tiempo se ha desvanecido
y el sol ya no me deja ver su luz,
sólo oigo su risa
y la de muchos que no soy yo,
o quizás sí.
A lo lejos
escucho el mar de la ciudad
en donde creo estoy;
me siento protegido,
por ahora
nada más.