Pensamiento mítico y tatuajes en Marruecos, por Nelson E. Álvarez Licona

Fotografías por Nelson E. Álvarez Licona

Unidad de análisis

"La sociedad, con sus instituciones, valores, conceptos y lengua es sociológicamente anterior a sus miembros particulares, que sólo se convierten en hombres a través de la educación o adaptación a una sociedad determinada" (2).

La unidad de análisis parte de clarificar a la sociedad como generadora de la identidad, de manera que sería la sociedad la variable funcional de la que partiríamos, para de ahí observar al pensamiento mítico como una de las variables dependientes que están presentes en la práctica del tatuaje. Al ser la humanidad producto de la socialización, nos permite explicarnos de dónde surge la imagen de la realidad que nos vamos formando, acercarnos a la experiencia del otro y haciéndola inteligible, al poderle dar clasificaciones y categorías. Entendiendo que formalizamos la realidad a partir de nuestros contextos, los que obtenemos de la sociedad.

Fotografías por Nelson E. Álvarez Licona

En el proceso de conformación de la cultura occidental, la formación de una conciencia de lo individual ha sido la base de la organización social. Las estructuras en las que descansa el derecho —que es la base sobre la que se rige o debiera regirse la sociedad— supedita a ésta en función del individuo. Cosa muy distinta a otras culturas en las que la interpretación de la realidad está dada desde una perspectiva holista, donde el ser individual no existe; como en el caso de la India donde el ser social lo es todo y la persona está en función de la sociedad, encontrando su lógica en estructuras jerárquicas a las que la persona está supeditada. A partir de que las sociedades holistas se entienden jerárquicamente, es que resulta difícil que sean comprendidas en la cultura occidental, que entiende y enseña que el individuo lo es todo. Mientras para estas otras culturas, es la sociedad y no el individuo de donde parte la forma de entender la realidad. Entender la existencia en base a un principio igualitario o jerárquico, resultan realidades fundamentales a partir de las que se interpreta la realidad (3). Pero ya sean sociedades que se fundamentan en la conciencia individual o en la conciencia social, estas formas de entender la realidad parten de un adiestramiento social. De manera que aun siendo sociedades diferentes, sus formas particulares de organización, son una forma de lo universal. Por lo que las sociedades tradicionales, quienes no tienen a la igualdad y la libertad como valores, e incluso no podrían utilizarse categorías como la de individuo para designar a sus miembros, tienen en común con las sociedades modernas al hombre social, que es vínculo que las une y es gracias a esto que podemos aproximarnos a su comprensión (4).

"Hoy es moda, sin más valor que el de una mera moda, reprochar a los antropólogos el fundir culturas radicalmente distintas en el molino de nuestras categorías y clasificaciones y el sacrificar su originalidad distintiva y su carácter inefable al someterlas a formas mentales específicas de una época y de una civilización.

"Si con ello se quiere decir que una traducción no es nunca perfecta y que es inevitable que se le escape un resto de sentido, no cabe duda de que se está en lo cierto, pero con ello no se hace más que enunciar un mero lugar común, y de los más simples. En cambio, los que pretenden que la experiencia del otro —individual o colectiva— es incomunicable en su esencia, y que es en absoluto imposible, e incluso culpable, pretender la elaboración de un lenguaje en el que las experiencias humanas más alejadas en el tiempo y en el espacio se volverían, al menos en parte, mutuamente inteligibles, éstos, digo, no hacen otra cosa que refugiarse en un nuevo oscurantismo" (5).