
Claudia Livini
Una mujer se acerca por el lado derecho y se arrodilla en el confesionario apoyando su frente contra la ventanilla.
Padre: Ave María Purísima.
ELLA: Sin pecado concebida.
Padre: Hace cuánto que no te confiesas, hija.
ELLA: (Duda) No recuerdo... muchos años.
Padre: Cuéntame tus pecados.
ELLA: Estoy perdida, padre, extraviada. Un temor grande, no me deja vivir. Nada me importa...
Padre: Cuéntame.
ELLA: (Permanece callada unos segundos) ...Yo supe tener una vida, Padre, con todo lo que la vida de una persona común puede tener: un trabajo, familia, amigos, intereses... Vivía. Sin embargo, comencé a sentirme cansada, cada vez más cansada, como si me estuviesen vaciando. (Pausa) Una atmósfera extraña se instaló a mi alrededor... decía cosas extravagantes, actuaba de forma extraña, impropia... no parecía yo. Y yo, la de siempre, me parecía otra. Sólo pensaba en aislarme, quería estar sola, ¡sola!... No tenía fuerzas para disimular, no sentía interés. Sin poder controlarme generé peleas, desencuentros, ausencias (respira hondo).
Finalmente, sucedió. Dejé todo. No me conmovieron los reclamos ni las miradas de preocupación.
Dibujé a mi alrededor un círculo de sueños y desierto.
Mi cuerpo perdió luz y calor... Me fui de esa vida... sin comprender.
UNA VOZ DENTRO DE ELLA LA INTERRUMPE Y TOMA LA PALABRA DIRIGIENDOSE AL CURA:
Voz: ¡Ay, sí, tremendo, Padre! Pero de lo bien que hizo, porque acá adentro somos varios, no es ella sola. Me presento: soy una mujer de Su Casa. A mí me gusta estar tranquila, aprecio el silencio. No me gusta trabajar 12 horas ni vivir acelerada de aquí para allá todos los días. Pero ELLA me considera con poca espuma y me esconde. El tema, Padre, es que yo existo, y tengo derecho a mi espacio, aunque ella insista en ignorarme como lo hizo durante todos estos años. Está mal eso, Padre ¿o no tengo también derecho yo a ser yo?
Otra voz: Es verdad Padre, adhiero a las palabras de la señora..., (adelantándose hacia el cura) ...Mucho gusto padrecito, soy Lo Madre, otro aspecto negado por esta mujer que está acá arrodillada frente a usted sintiendo lástima por sí misma... ¡Desfachatada! ¡Lástima habría que sentir por nosotros! A mí ELLA tampoco me ha dado lugar, me considera demasiado "blanda" y "emotiva", piensa que la pongo en peligro. (Suspira, meneando la cabeza). Pero yo creo saber cuál es el problema. El problema es que ELLA no cree en el amor, ¿me entiende? En el fondo es eso. Yo digo que algo le habrá pasado a esta chica, algo grave, porque para decir que el afecto verdadero no existe sino que —escuche bien—, que el afecto es una representación, un recurso que utilizan los manipuladores para alcanzar sus propósitos, para decir esto, Padre, hay que estar muy golpeada... (guarda silencio, mirando a ELLA fijamente) La cosa es que yo sí creo en el amor, Padre, y necesito dar vida, y me lo impide esta mujer que confiesa aquí su desgano, como un corderito, pero que no ha dudado en ser implacable con tantos de nosotros aquí dentro.
Se deja oír la potente Voz de un Guerrero: Si no me equivoco, esa voz lastimera y quejosa sólo puede provenir de Lo Madre. (Abriéndose paso entre las voces) En la vida, Padre, cuando alguien no logra distinguir tiempos de guerra de tiempos de paz hay que confinarlo hasta nuevo aviso... (Y haciéndole burla a Lo Madre) ¡Ay! Yo quiero tener un hijo del amor... Esta mujer es una loca, Padre, estamos en el siglo XX, acá afuera no es tan fácil cuidar de la vida, hay hostilidad, desorden, no basta con ser apto, hay que estar bien entrenado, los niños sólo pueden ser un estorbo. No es lo mejor pero es lo que sucede. No nos olvidemos que habitamos el cuerpo de una mujer joven, que trabaja y que "debe" mantenerse joven. El tiempo ya no es nuestro aliado.
(Interrumpe una voz muy filosa)
Lo Nómade: ¡Claro que sí, adhiero! ¡Un hijo del amor! Padre (y dirigiéndose a Lo Madre), qué desubicada, menos mal que te dan poca letra porque si por vos fuera no sé cómo estaríamos. Créame, Padre, que así como la ve de inofensiva, esta mujer no solamente es una zorra sino también una prepotente, porque cuando quiso tener un hijo, ¿usted cree que nos consultó antes? (alterado) No, de ninguna manera, la señora fue y se embarazó nomás, cagándose bien en nosotros, ¡que también existimos y que no nos bancamos ni los pendejos, ni las obligaciones, ni las rutinas!
Voz del Guerrero: ¡Correcto! (mirando a Lo Madre severamente) y después tengo que venir yo a rescatarte. Contale al Padre qué pasó cuando te quedaste sola con la creatura: vos, la Soñadora y La de Su Casa, todas lloraban como locas sin saber qué hacer. Y fui yo, que siempre tuve los huevos bien puestos, quien se hizo cargo de la situación. ¿Qué tal, eh? Salir a la calle, trabajar, soportar, resistir... Sin mí, más de uno acá dentro se hubiera quedado a la deriva. Así que no me vengan con pavadas. La vida es lucha, admitámoslo. Lo que hace falta es voluntad, callos, entrenamiento. Voluntad, y en todo caso un ideal, Padre (elevando sus ojos al cielo), que no sea de este mundo.
Otra voz: Pero callate, infeliz, voluntad de qué, si no sabés lo que querés vos, ni adónde vas.
(Se escucha discutir acaloradamente)
El Adelantado: Si se me permite hablar... (siguen discutiendo las voces) ...Si se me permite hablar (decrece el murmullo)... yo creo que todo está yendo muy bien así como va. (Dirigiéndose a todos) En mi modesta opinión hay que analizar lo que sucede con cierta perspectiva.
Cobardes Unidos: ¡Tenemos miedo, tenemos miedo, tenemos miedo!
(Aumentan los murmullos)
El Adelantado: Por favor, déjenme hablar. Creo... (las voces se tranquilizan)... creo que nos estamos acercando a un momento nuevo para todos....
La Niña: (sollozando) ¡¡¡Mamaaaaá!!!
El Adelantado: (prosigue) ...Un momento nuevo para todos que puede permitir una integración. Acá, Padre, a mi modo de ver, lo que sucedió es que las cosas cambiaron. Durante años ELLA dijo "¡Vamos!" y aunque no todos coincidiéramos en las ganas o en los objetivos, la acompañábamos. Es cierto que Muchos la seguían de buena gana, como La Científica —siempre primera con su equipo de Exploradores—, o el grupo "Pachanga" que, junto a Lo Nómade, La Aventurera y los gemelos "Vamos" y "Hacia" suministraban la energía necesaria para sus propósitos. Pero existen Otros acá adentro, con necesidades y deseos diferentes que iban a disgusto, o desganados. Con el tiempo, varios de ellos comenzaron a enfermarse, por lo que había que cargarlos casi todo el trayecto. Oídos sordos hacía ELLA en aquel entonces porque el grupo de Oposición o de Resistencia se encontraba fuertemente debilitado, y cuanto más debilitado más oídos sordos hacía Ella. Hasta que la cosa, como le digo, empezó a cambiar. Ahora cada cual defiende lo suyo y la mayoría está empacada.
Esa es la causa por la cual ELLA se fue encontrando tan cansada y sin fuerzas.
Que esté aislada no me preocupa, es una buena oportunidad para que nos conozcamos entre todos e intentemos un acuerdo.
Lo Creativo: Sí... cof... (respirando con mucha dificultad)
Guerrero: (a Lo Creativo) ¿Y vos quién sos, inútil?
Lo Creativo: (con voz firme lo ignora y se dirige al Padre) Nunca confió en mí ELLA. ¡Cuánto tiempo me tuvo encerrado! (Tose) Me visitaba, sí, pero a escondidas, temiendo que alguien nos viera... (Evocativo)... Hablábamos largamente, y parecía en todo estar de acuerdo conmigo. Hacíamos planes. Se ponía tan contenta que me soltaba un poco (ahora ensombrecido)... Al día siguiente, se enfurecía nomás de verme, decía que lo que habíamos conversado no tenía nada que ver, que yo era un delirante. Y me volvía a encerrar. "Delirante" —me decía— "dejame en paz".
La Traviesa: (a Lo Creativo) ¡Qué época! Yo te ayudaba diciéndole "tomate algo para relajarte, nena", ¿te acordás? Cognac, vodka... ¡lo que viniese!
Lo Nómade: ¡Sí! ¡Y nos agarrábamos todos un pedo bárbaro!
Lo Creativo: (algo avergonzado) Era la única forma que soltara más seguido, Padre, se la veía escribir, cantar en voz alta, imaginar cosas maravillosas. Todos nos poníamos más contentos.
La de Su Casa: (en tono de reproche) Yo no, porque yo no bebo, (se corrige) bueno, no de esa manera. Aparte al día siguiente estábamos hechos una piltrafa.
Lo Madre: (A lo creativo, comprensiva) Yo estoy de tu parte, hijo.
INESPERADAMENTE UN SOLO DE SAXO SILENCIA EL RECINTO. Tarararaaaá... TODOS DAN UN PASO ATRAS.
(Caminando sinuosamente se adelanta hasta la ventanilla) La Vamp: "Hooola, rico" —dice al Padre con voz melodiosa.
Guerrero: (mirándola entusiasmado) ¡Guauu!
La Vamp: ¿Llego tarde? ¿Qué es todo este barullo? (mira con displicencia). ¡Cuánta gente! ¿Qué pasa, hay una fiesta? (Sonríe) Just kidding... No sé qué ha sucedido aquí, Padre. Se terminaron las salidas, los vestidos, no hay más besos ni caricias, no más declaraciones de amor ni galanteos. Soy joven, Padre, merezco vivir y ser amada.
La de Su Casa: (poniéndosele al lado) Con vos, querida, tenemos que hablar...
La Vamp: No sé de qué, tesoro. (Y al Padre) ¿De qué se trata todo esto, Padre? Explíquemelo, por favor.
La de Su Casa: (severamente) Pasa que vos NO sos la única mujer acá adentro, "tesooro". ¡Eso pasa! Y vos nos elegís hombres por tu cuenta.
La Vamp: (suavísima) Pero, tonta, lo hago por tu bien; los hombres que yo elijo nos dan seguridad.
La de Su Casa: (negando con la cabeza) No, no, no. Los hombres que vos elegís no me conocen y sos vos la que les da seguridad a ellos, enterate, porque muy segura nunca se te vio.
La Vamp: (irritada) ¡qué sabes!
La de Su Casa: ¿Que qué sé? Te digo lo que sé: acabás poco, señora Burbuja, porque siempre estás en pose.
(Ahora intervienen otras voces; todas se pelean y discuten a los gritos)
La imagen vuelve a ELLA. Sigue arrodillada, pensativa. Toma la palabra.
ELLA: Tengo miedo Padre, (mirando a su alrededor) y mi pecado tal vez haya sido el de la ceguera. No darme cuenta de todos ellos antes, pensar que eran producto de mi fantasía. Ahora temo enloquecer... ¿Quien soy? —me lo pregunto una y otra vez. (Se la ve abatida, muy abatida) Temo ser nadie.
Una voz Sensata: (con ternura a Ella) No te pongas así, yo soy optimista aunque reconozco que hay mucho desorden, pero, ¿por qué no pensar que esto es un proceso? —como dice el Adelantado—, ¿por qué no probamos conocernos un poco, buscar un acuerdo? Tal vez eso ayude.
El Suicida: Mejor que así sea, porque si no me mato.
El Escéptico: Un momento, un momento, por favor. Veo que vamos llegando al clímax y yo todavía no he hablado. (Y dirigiéndose a Ella) Querida, me parece que acá se está pecando de grandilocuencia, acá se está dejando que la emoción, esa gran histriónica, dirija nuestros pensamientos. Razonemos. ¿Por qué dar por sentado que existe un significado especial para cada vida, cada acto, o cada voz? Se habla de "desarrollo", de "proceso" de "ser alguien" o "nadie". (A todos) ¿No es esto darle a la cuestión humana una importancia excesiva? (Al Padre) Para mí, las posibilidades de que Dios exista o no corren parejas. (A todos) La existencia humana "es". No debe "nombrarse", "decirse", "interpretarse". La vida de los humanos debe transcurrir dentro de la menor discusión posible. Muchacha, ¿qué importa que seas o no alguien en esta vida?
¿De qué sirve? ¿Quieres dormir y no ver a nadie? Adelante. ¿Te mortifican voces que no se ponen de acuerdo? Ignóralas; todo es vanidad. Si nada puede afirmarse, ni negarse: mejor callarse.
El confesionario queda en silencio. Ella espera un poco antes de volver a hablar.
ELLA: (en voz muy baja) Ya lo ve, Padre, no sé qué hacer y sé que no puedo hacer nada. Perdí el timón de mi vida, y sin embargo... Siento que debo dejarme llevar... Pero dudo, y porque dudo, temo.
Si somos Uno, ¿por qué hay tantos en mí? ¿Cómo conformar a todos, cómo valorarlos por igual siendo los que son y queriendo cosas tan distintas? Desfallezco, me atormentan las contradicciones... y no veo la forma de salir de este conflicto permanente. Ya no tengo fuerzas. Extraviada como estoy, ¿qué otro destino me aguarda sino la locura? Temo dejarme morir así, cansada, y lejos del mundo.
(Se escuchan, aunque contenidos, sollozos y murmullos de preocupación)
Silencio.
Padre: Hija mía. Has hecho bien en venir. Te he escuchado con atención...
(pausa)
...Después de tanto peregrinar ha llegado el momento de que recibas la Revelación...
Levántate. Y acercate a mí.
(Ella obedeció y con la mirada baja se dirigió hasta la puerta central del confesionario, permaneciendo de pie).
Padre: Arrodíllate, hija. Tú y todas tus voces; cuando lo hayas hecho, cuando todas tus voces lo hayan hecho, levanta tus ojos hasta mí.
Así se hizo. Apenas unos murmullos iniciales; lentamente, como si cada cual hubiese comprendido la gravedad de la situación, las voces se aproximaron entre sí hasta que una por una todas fueron poniéndose de rodillas junto a ELLA. Allí estaban: Lo Madre, Lo Creativo, el Guerrero, La de Su Casa, el Suicida, el Escéptico, la Vamp, la Científica y sus Exploradores, Lo Nómade, La niña, La Optimista, Los gemelos... ELLA.
Cuando finalmente todo fue silencio, cuando lo que reunía a todos por igual era ese estar de rodillas frente al Padre, recién entonces ELLA levantó sus ojos hacia él.
Una luz repentina la encegueció... sólo un segundo. Enseguida pudo abrirlos.
Dentro del confesionario no había nadie.
Noticias culturales • Literatura en Internet • Las letras de la Tierra de Letras • El buzón de la Tierra de Letras