
Raquel D'Onghia
Dos rostros contrapuestos,
un mar y una tierra,
dos lenguas,
un sol, una lluvia, una luna...
y un solo Dios en otro idioma,
sangre que rodó, que quemó
y se fusionó,
sangre que venía de lejos,
sangre que nos pertenecía,
sangre que sudó y luchó por un mundo diferente
que no tenía ni razón, ni explicación,
pero logró el milagro de volar en el tiempo,
desaparecer en los cielos
y ubicarse en otro mundo,
nuevo...
de salvajes y traidores,
de salud, de motores,
mundo que violó la virginidad de una civilización
que no la dejaron continuar su rumbo,
sin darse cuenta
que éramos los mismos pero en diferentes colores,
en diferentes tierras,
con diferentes canciones,
pero motivos en común
y sentimientos encontrados,
pues era verdad que un solo mundo
¡viejo o nuevo!
era el que juntos habitábamos...
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