
Javier Espada
Fluirá la noche
Fluirá la noche
líquida
del mercurio de todos los espejos
que un día te reflejaron.
Será la noche del color del olvido
y entonces no habrá palabras.
Las cenizas y el polvo
reservados desde el comienzo de la tierra
se unirán
conformando la sombra de tu cuerpo.
Desde el centro
se levantará el abismo del silencio
y un fuego frío
será el destino de la distancia.
Tus antiguos ritmos de gestos enlazados
serán transformados en un pétalo
o en el murmullo de un riachuelo
o en el silencio inmóvil de un árbol.
Y se conjurarán las magias ancestrales
y un verbo
impronunciable como un beso
te llevará hasta las raíces de los metales.
El sol ya no te deslumbrará
porque no habrá más espacio para el tiempo.
Sentirás
como un presentimiento
la llegada del alba
lenta
eterna
como una revelación renovada.
Hay una maquinaria imprecisa y constante
que esparce cristales apagados
día y noche
y sin que nosotros lo sepamos
silenciosamente
entretejen y conforman
un espejo imposible
desde donde somos inversos
paralelos presos ignorantes.
Un día esa máquina se nos detendrá
y todos los cristales arderán
en un instante
para ser la imagen del nombre que hemos llevado
efímera apoteosis en el espejo del tiempo
mientras caen nuestros párpados
estrepitosamente
hasta el fondo de las miradas
en que hemos sido.
Olvisiones
Un cuerpo a cuerpo con las ruinas,
una lucha como lluvia que ya es ajena,
un vestigio de cenizas en la memoria.
No es el olvido,
son los restos naufragados en el tiempo,
es una historia personal, inmediata,
desde otro espacio roto en visiones
Tan sólo son sueños de piedras
destrozos
sendas entre lo blanco y lo oscuro
un resurgir de miradas heridas
el conjuro de una magia
Retornos de la sangre
en gestos enigmáticos
La cifra de la derrota
en pérdidas indescifrables
Una palabra sin labios
Desde un abismo roto
oímos arder al tiempo
con los ojos cerrados
inmóviles
sentimos la vida
que se nos va
por una herida abierta
y el aire que respiramos nos desgasta.
Por la piel caminan unos dedos
tocando
suavemente
el velo de nuestro cuerpo
aferrándonos
intentando contener las hojas que se nos caen
como una lluvia ajena sobre nuestro rostro dormido
cuando una voz emerge
fragmentando las máscaras que hemos sido
y nos desnuda el alma
y enciende fuegos nuevos
mientras somos sólo una estructura cristalina
un esbozo de todo lo que quisimos ser
y ya nunca seremos.
De repente te vi alejarte
y sentí un vacío frío
por las lindes de la distancia.
Tu rostro se tornó antiguo
y afloraron expresiones ignoradas.
Verte cómo fuiste
sintiendo cómo surgían los rostros que desconozco
aunque no me son del todo ajenos
porque están por debajo de tus gestos
como una sombra sosteniéndote.
Y ese corredor por el que te pierdes
y te reencuentras
mientras busco tus huellas en mis manos
las memorias de tu tacto por mi cuerpo.
Un sonido amarillo y polvoriento
sordamente
desdibuja la distancia que nos une.
Mientras tú duermes
velándote
temo a un abismo
emboscado
aguardándonos
y lloro esperando que regreses
sin atreverme a tocarte
solo y mudo
junto a ti.
Desde los íntimos cristales de tu carne
se levantará un espejo inverosímil
y será un mundo intuido o soñado
creado por la magia del reflejo
poblado por la distancia de tu olvido
por las certezas de tus manos
conteniendo la respiración verás un rostro
que ya no será el tuyo
Te perderás engañado en su reflejo
hecho de desórdenes y gestos
acaso soñado por alguna necesidad
del desconocido que desde él te mira
sentirás un rumor mineral
de arena resbalando sobre un nombre
es el ruido de tu tiempo al irse
lentamente
como una evocación desesperada
Una palabra arde en algún sitio
alumbrando el saber de un libro
cerrado y oculto para siempre
conteniendo sólo un signo
la cifra de tu destino
y el futuro vestigio de tus horas
su cansancio
el aroma del amor derramado
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