Diego: Nada comparable a tus manos ni nada igual al oro-verde de tus ojos. Mi cuerpo se llena de ti por días y días, eres el espejo de la noche, la luz violenta del relámpago, la humedad de la Tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio, mis yemas tocan tu sangre. Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos de mis nervios que son los tuyos.

        Frida Kahlo: El diario de Frida Kahlo.

Xipetotec, Nuestro Señor del Cambio de piel, puede ser el guía sagrado que nos acompañe a iniciar este segundo tiempo. Siendo el símbolo de la resurrección, lo es también del sacrificio y la supuración. Esta deidad se autoflagela... Esta mujer se autorretrata y se enmarca en sangre, se desolla públicamente. Obvia el pudor para abrirse en el aborto, en la soledad, en el grito... La vida, su vida comienza a escurrirse por la punta de los pinceles. Al principio Boticelli, Bronzino, Modigliani, los prerrafaelistas ingleses, Bosch y Magritte parecen influenciarla. A su alrededor las hojas sueltas de José Guadalupe Posadas, con sus escenas de crímenes, de revueltas, de monstruos. Los retablos populares, las representaciones terribles de las antiguas deidades. La muerte que se devora en dulces, azúcares que la representan como calavera, esqueletos coloridos. Los panes fingen ser huesos que conforman el cuerpo de la pelona que muestra su amarillento cráneo... Frida Kahlo no teme asomarse a su alma pensando que puede enceguecerse, tampoco teme asomarse a la celebración del amor, hasta sentir que el otro no sólo es su posesión, sino que puede ser ella misma...

La columna rota
La columna rota. Oleo sobre masonite, 1944. 40 x 31 cm, colección Dolores Olmedo, México, DF. Fotografía de José Verde.
Unos cuantos piquetitos
Unos cuantos piquetitos. Oleo sobre lámina, 1935. 29,5 x 39,5 cm, colección Dolores Olmedo, México, DF, fotografía de Raúl Salinas.
El elefante y la paloma... el Príncipe Rana y la niña Fisita, la unión entre el chivo suelto en medio de una cristalería y esa mariposa frágil que repite continuamente el ciclo de larva a crisálida, formó parte de la historia mexicana del momento, también lo es del México de hoy. A su alrededor figuras muy importantes intentaron compartir espacios de su vida: Leon Trotsky, André Breton, Nelson Rockefeller, Isaac Noguchi, Waldo Frank, John Dos Passos, Edmund Weston y Tina Modotti, ellos formaron parte de su círculo más cercano. Sin embargo en el interior de las casas azul y rosa que habitaron se suceden hechos que, al igual que el accidente de 1925, la marcan irreversiblemente. Sus producciones muy escasas en 1934 parecen correr la cortina de su dolor y mostrar cómo fue asesinada por la vida. Su primer aborto y el romance entre Cristina, su hermana mayor, y Diego, le ocasionan terribles trastornos. Unos cuantos piquetitos (1935), Recuerdo (1937) y Recuerdo de la herida abierta (1938) ejemplifican claramente esa terrible sensación de corazón latente, de víctima consciente, que se enfrenta a la brutalidad de su propio sacrificio.

Octavio Paz3 afirmó que el simulador jamás se entrega, jamás se olvida de sí. Si lo hicera dejaría de simular y se fundiría con su imagen: "...Al mismo tiempo, esa ficción se convierte en una parte inseparable —y espuria— de su ser. Está condenado a representar toda su vida, porque entre su personaje y él se ha establecido una complicidad que nadie puede romper, excepto la muerte o el sacrificio. La mentira se instala en su ser y se convierte en el fondo último de su personalidad" .

Frida Kahlo comienza a volverse menos burguesa, más libre, más ella misma. Asiste al teatro callejero, al circo, a las peleas de box. Baila en salones de la clase obrera, oculta bajo sus inmensas faldas carteritas de coñac, de tequila. En 1938, escribió a Ella Wolfe:4 "Bebía porque quería ahogar mis penas, pero las malvadas aprendieron a nadar y ora, ¡me abruma la decencia y el buen comportamiento!". Hijo de la chingada, pendejo, cabrón, son algunas de las frases que utiliza comúnmente. Repite con acento muy propio las expresiones coloquiales y groseras que escucha en su deambular por los bajos fondos de la ciudad. Puede que ellas y el alcohol le permitan mostrar (¿mostrarse?) una farsa, mezcla de alegría y desesperación. Surgen entonces nuevamente sus tendencias homosexuales, toleradas por Diego e interpretadas por sus amigos como una válvula de escape. Puede que la diferencia de edad entre ellos, las continuas infidelidades de Rivera, le sirvieran de estímulo. Lo que si es cierto y se advierte en sus obras es la energía sexual. Frida tenía fuertes necesidades sexuales, basta observar su cuerpo erguido, su mirada devoradora, sus sensuales y carnosos labios, para sentir esa descarga de autoerotismo que también irradia en su pintura.

No es gratuita la afirmación de Bretón sobre sus Autorretratos: "No existe obra de arte que sea más marcadamente femenina, en el sentido de que, para ser tan seductora como sea posible, esté dispuesta de manera total a alternar entre el juego de ser absolutamente pura o absolutamente malvada. El arte de Frida Kahlo es como una cinta que envuelve una bomba".5

Autorretrato Autorretrato. Oleo sobre tela, 1940. 61,2 x 47,6 cm, colección de Iconografía, Centro de Investigaciones de Humanidades, Universidad de Texas en Austin.
El sueño
El sueño. Oleo sobre tela, 1940. 74,3 x 98,4 cm, colección Selma y Nesuhi Ertegun, Nueva York, fotografía por cortesía de Sotheby Parke Bernet.
Capaz de convocar un universo a partir de los trozos de sí misma, crea un mundo que estalla forzando las fronteras de la razón y el equilibrio: "...mis temas son mis sensaciones, mis estados de ánimo, mis reacciones ante la vida". Carlos Fuentes señala que el convivir con lo horrible y doloroso desde otras perspectivas no aceptadas tradicionalmente puede conducirnos a la verdad de lo que somos, esta certeza que observamos con ojos distintos, con mirada más clara, sirve entonces para iluminar nuestras más íntimas cualidades. En sus pinturas paso a paso Frida parece llegar a un acuerdo con su realidad. Se construye, nos muestra "lo que aún no es, lo que aún está siendo (...), toda transformada nace una terrible belleza".

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