
![]() Izquierda: El diario de Frida Kahlo informa sobre esta imagen: Huella de pies y huella de sol. "Frida Kahlo dibuja su pie derecho, el que tantos problemas le causara, cubierto de llagas, al menos desde 1932. La presencia de los trazos delicados que conforman el contorno del pie se diluye frente a las manchas de color que la artista añade, haciendo que el miembro parezca abultado e hinchado. La pintora incluye el mismo pie en su cuadro más surrealista, Lo que el agua me dio (1938). En esta obra, el dedo gordo presenta una herida sangrante, mientras que en este diario, la llama que abrasa el pie simboliza el dolor. El primer escenario, correspondiente al cuadro, lo constituye la bañera de la artista. En este caso concreto, el pie flota en el espacio, junto a las manchas de tinta que representan cuerpos celestes. Una de estas manchas es el sistema solar. El contexto celestial sitúa la imagen en el campo de lo mítico, de manera que no resulta sorprendente encontrar un pie en llamas, cual ave fénix, poniendo de manifiesto la tenacidad de la inquebrantable mexicana". Derecha:
gente? faldas? El clásico "amor"... (sin flechas) solamente con espermatozoides. A decir por el ángel que vuela sin rumbo en el centro de la página, cabría pensar que Frida Kahlo continúa con la temática celestial de páginas anteriores. No obstante la artista, con su típica malicia, sustituye las estrellas por espermatozoides. En la parte superior aparece un comentario sobre el carácter mutable de una serie de batas delicadas tendidas en una cuerda, que la pintora decide trasnformar en etéreas damas. Si consideramos lo que se ilustra en el resto de la página, bien podría tratarse de serafines. |
Octavio Paz: El laberinto de la soledad.
Quetzatcóatl, la serpiente emplumada, fue el creador de los hombres, les
enseñó a cultivar el maíz, a pulir el jade, a trabajar el tejido y la
tintura... Sin embargo los mágicos certificados empeñados en lograr su
descrédito colocaron ante él un espejo. Quetzatcóatl se horrorizó de sí
mismo, sintió terror ante su apariencia de serpiente. Esa noche bebió y
fornicó con su propia hermana y decidió escapar, ir al encuentro del sol,
abandonar su pueblo... El Creador prometió regresar, el cumplimiento de su
promesa significó la destrucción de las antiguas culturas mexicanas. Vida y
muerte, igual que la serpiente emplumada, parecen morderse la cola.
Estamos en 1953. Lola Álvarez Bravo se empeña en llevar a cabo la primera
exposición exclusiva de Frida en México. Conocida en Estados Unidos y en
Europa, admirada en su país, hacedora de mitos, habitual dialogante con la
muerte, ese dolor-mujer hecha visión de resurrección logra congestionar las
calles adyacentes a la Galería de Arte Contemporáneo... Un ruido de sirenas
atraviesa el ambiente. Vestida con un traje típico, envuelta en joyas y
recostada en su camilla, es colocada en el centro de la sala de recepción.
Cuentan que el esqueleto de un Judas, suspendido en el aire, se balancea
reflejando su figura en el espejo como si estuviera observándola... Suena
la música, se canta la llorona y ella en el medio entona:
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¿Alegría, espectacularidad, desfile de monstruos, acto surrealista..? Es la
muerte, la pelona, la que baila dentro del salón principal. Frida no la
desafía, le sonríe, le murmura casi al oído palabras de amor. Desde
entonces, y hasta el 13 de julio de 1954, las relaciones entre ambas
generarán contradictorios sentimientos. Es el final, el anochecer de su
vida. La amputación de su pierna inició el proceso de su desintegración...
El coñac, el tequila mezclado con demerol la liberan momentáneamente, pero
la esclavizan de manera definitiva. Sus sentimientos de amor hacia quienes
le rodean son a veces de infinita crueldad, tiraniza, manipula, agrede a
veces. Otras se desespera ante el sufrimiento, pide perdón, agradece,
intenta suicidarse... Uno de sus últimos cuadros, Los hornos de
ladrillo, muestra el descontrol de la artista en la forma de las
pinceladas. Ella había ido de paseo con su médico y había observado los
sitios de cremación y dispuesto su rito funerario en este sentido. Casi al
mismo tiempo pinta otro en donde su rostro se esconde materialmente dentro
de un girasol... Ambos presagian el final, ambos conforman una unidad que
tan sólo podrá entenderse el día de su muerte: "Irritada por la energía vital que emanaba de un objeto creado por ella, una energía de la que ella, en sus propios movimientos no disponía, tomó un cuchillo hecho en Michoacán, de filo recto y cortante. Venciendo la lasitud provocada por las inyecciones nocturnas, con lágrimas en los ojos y una sonrisa convulsiva en los labios temblorosos, empezó a rasgar el cuadro lenta, demasiado lentamente. El ruido causado por el acero contra la pintura al óleo reseca se convirtió en un lamento matutino de ese espacio de Coyoacán donde ella había nacido... Siguó rayando, aniquilando y destruyéndose; fue su sacrificio y su expiación".6
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![]() Yo soy la desintegración: Frida Kahlo titula este dibujo surrealista y, en cierta medida, grotesco, El fenómeno imprevisto, ya que, ciertamente, se trata de una imagen extraña, y, al mismo tiempo, perturbadora. La figura es un monstruoso híbrido de múltiples miembros y varias cabezas con órganos sensoriales adicionales —una oreja y unos ojos—, así como órganos sexuales repartidos por doquier. Lo que la pintora inició como garabato o un dibujo automático se convierte en una manifestación de su inconsciente. En esta, como en otras imágenes, tanto en lo que respecta a los cuadros como al diario, las mujeres desnudas que la pintora ilustra casi nunca aparecen como objetos de deseo. |
![]() Otra figura donde aparece un pie con la siguiente leyenda: "Asombrada se quedó de ver las estrellas-soles y el mundo vivo-muerto y estar en la sombra". |
La Mera Dientona, La Tostada, la Catrina se acostó junto a ella esa noche
del 12 de julio. En las últimas páginas del diario reinterpreta las
Calaveras de Posada, las llama Muertes en relajo y escribe:
"Buscamos la calma y la paz porque nos anticipamos a la muerte, pues
morimos en cada momento...". Aún sin amanecer a las seis de la mañana, la
señora Meyet, una de sus enfermeras, escuchó que alguien llamó a la puerta.
Caminó hasta allí y se detuvo para arreglar las cobijas de la cama de
Frida. Sus ojos estaban abiertos y fríos, igual que sus manos. No había
nadie afuera, nadie había tocado la puerta... Una multitud acompaña su velorio. Se cantan desde canciones políticas hasta melodías populares. Las notas de La barca de oro estremecen el ambiente. El príncipe Rana arrastra como un fardo su cuerpo macilento y su piel casi gris: "El día 13 de julio de 1954 fue el día más trágico de mi vida. Perdí a mi querida Frida para siempre... Demasiado tarde me di cuenta de que la parte más maravillosa de mi vida había sido el amor que sentí por Frida...".7 Más tarde, en el instante de su cremación, el calor del horno levanta su cuerpo, se sienta como si fuera a conversar. El cabello ardiente forma una aureola alrededor de su faz: Frida-girasol, Frida-Coatlicue, Xipetotec, Quetzatcóatl. Frida dando vivas a la vida y escribiendo para todos con sus ojos.
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Se nos ha dicho que morir y nacer son experiencias de soledad. Nacemos y
morimos solos. Nuestras vidas aprenden diariamente de la muerte. Como dijo
Octavio Paz, nada sabemos, y aun así aspiramos a escapar de esos instantes
opuestos que nos rompen. Expulsados de la vida, todo parece empujarnos a
volver. La presencia de Frida Kahlo, su pasión amorosa, me hace evocar sus
palabras: "...y le pedimos al amor que nos dé un pedazo de vida verdadera,
de muerte verdadera. No le pedimos la felicidad, ni el reposo, sino un
instante, sólo un instante, de vida plena, en la que se fundan los
contrarios y vida y muerte, tiempo y eternidad, pacten".8
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![]() Con Diego, en 1950-51, el año que pasó en el hospital. Fotografía de Juan Guzmán.
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