Letralia, Tierra de Letras
Año VIII • Nº 106
5 de abril de 2004
Cagua, Venezuela

Depósito Legal:
pp199602AR26
ISSN: 1856-7983

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Artículos y reportajes
La Autopista Sur
Dixon Moya

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Julio CortázarA Mario Montoya, amigo, transeúnte de la Autopista Sur, devoto de Cortázar

"...se corría a ochenta kilómetros por hora hacia las luces que crecían poco a poco, sin que ya se supiera bien por qué tanto apuro, por qué esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sabía nada de los otros, donde todo el mundo miraba fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia adelante".
"La Autopista del Sur". Julio Cortázar

El imprescindible Julio Cortázar escribió un relato titulado "La Autopista del Sur", en el cual describe una monumental y casi interminable obstrucción del tráfico en una carretera, lo que en buen lenguaje bogotano se denomina "trancón", palabra que ya hizo el tránsito desde la calle al diccionario de la Real Academia de la Lengua que la reconoce como colombianismo. Pareciera que el genial escritor argentino se hubiera inspirado en la cotidianidad de una vía ubicada al sur de Bogotá, llamada precisamente "Autopista Sur".

La Autopista Sur en Bogotá tiene una larga historia (no tan ancha). En tiempos de nuestros ancestros indígenas se utilizaba para llegar al Salto de Tequendama, caída de agua creada por el Moisés chibcha, Bochica, quien con su bastón abrió la brecha por donde se suicidan las aguas del río Bogotá, otrora límpidas ahora fétidas; igualmente fue paseo obligado de virreyes y próceres de la Independencia, por este camino se frustró un atentado contra el Libertador Simón Bolívar, anterior a la nefanda noche septembrina. En tiempos modernos, la Autopista Sur es frecuentada por los bogotanos que desean viajar a la "tierra caliente", denominación genérica de los municipios a donde los citadinos de todas las condiciones sociales van a "temperar" (otro término local para designar al turismo en busca de calor). Fusagasugá, Tocaima, Girardot, Melgar, Silvania, Mesitas del Colegio, son sinónimos de sol y piscinas para quienes albergamos frío 2.600 metros más cerca de las nieves perpetuas, tan lejos de los ardores de nuestras costas.

Personalmente la Autopista Sur me trae muchos recuerdos, pues viví durante mis años de niñez y adolescencia a pocos metros de esa vía. Al comienzo, era la referencia paralela de un artilugio mágico llamado tren, cuya carrilera se me antojaba una escalera infinita tendida sobre el suelo que conducía a un territorio extraño, triste pero atrayente, llamado cementerio. En efecto, el parque-cementerio "El Apogeo" se encuentra ubicado en cercanías de la llamada entrada a Bosa, municipio anexo de Bogotá; en este punto se mantiene una vieja casona hoy tristemente abandonada que en su momento fue hogar de paso de viajeros fugaces, la "Estación del Tren", la cual durante varios años albergó a una ancianita con fama de loca y poeta, quien convivía con una multitud de perros, hasta que la muerte la encontró en su rincón.

En mi caso, la Autopista Sur ayudó a configurar una costumbre, que para algunos puede resultar perjudicial para la salud pero al cabo de los años contribuyó a mi formación (o deformación) intelectual, la lectura de libros en autobuses y busetas. Los frecuentes e innumerables trancones en aquella carretera, que sólo se observa desocupada en los paros de transporte, facilitaron el conocimiento de obras y autores. En ocasiones, cuando estoy en la sala de mi casa o en una cómoda biblioteca intentando leer, creo que extraño el continuo movimiento, el paisaje urbano entre página y página, los sonidos y aromas de los desconocidos compañeros de travesía que condimentan la lectura.

Siempre me pregunté por qué se denominaba autopista a esta angosta carretera, en una demostración insensata de generosidad, incluso desde cuando la vía se reducía a un solo carril, aumentando en proporción la incomodidad y demora, pues allí se combinan todas las formas conocidas de transporte: urbano, intermunicipal, nacional, camiones y tractomulas de carga, sin contar a los ciclistas que continúan en su empeño de ascender el Alto de Rosas, como entrenamiento diario. Se trata de una caravana que pulula y pelea por ganar espacio en la estrecha vía.

Con el paso de los años, a lado y lado de la autopista se fue multiplicando toda clase de fábricas, configurando una inmensa zona industrial, desde las de cilindros de gas en Cazucá, pasando por las bebidas gaseosas (Postobón, Coca Cola y la antigua Hipinto), de lápices como Prismacolor, calzado como Croydon, todo un sector dedicado al comercio de diversas carnes de animales cerca al río Tunjuelito, bancos, notarías y centros comerciales, así como la sede de Jolie de Vogue, en donde anualmente las Miss Universo se trasladan para observar el procedimiento de elaborar maquillajes. Aunque sea difícil imaginar, cada año, las mujeres más bellas del mundo deben afrontar los trancones de la Autopista Sur, como los humildes habitantes de esta zona límbica, ubicada al sur de Bogotá.

Un hombre más viejo, por ende más sabio o más zorro, alguna vez me dijo que esta proliferación de fábricas ahuyentó a los ricos integrantes de ese exclusivo grupo denominado la oligarquía, quienes habían decidido escoger esa zona como sitio de residencia, sobre todo por un elemento clave, su clima. Los estudios pluviométricos en Bogotá concluyen que, en los elegantes barrios del norte, llueve mucho más que en los ubicados en la cercanía de la Autopista Sur, en donde por su cercanía con los municipios de clima cálido, se disfruta en buena parte del año de una temperatura agradable. Claro, cuando llueve fuerte hay inundaciones, pero con seguridad si los adinerados se hubieran instalado allí no sucedería esto, pues se contaría con un buen sistema de alcantarillado.

Durante mi niñez, era agradable ver las lomas pobladas de verde, luego llegaron las areneras que inventaron el color amarillo, ahora es un mapa multicolor de miseria, con la presencia de improvisados barrios que hacen parte de la presencia social de miles de desplazados por el conflicto, quienes siguen esperando alternativas de vida lejos del odio y la pobreza. Desde lo alto del cerro, algún niño todos los días debe observar la Autopista Sur, como una serpiente sin cabeza ni cola que trata de llegar hacia algún sitio, sin ningún motivo aparente, sólo llegar. La última noticia sobre esta vía es que en pocos años será otro de los corredores en donde pasará ese invento bogotano llamado "Transmilenio", que se está exportando a otros sitios, sistema de transporte público, resultado del cruce entre autobús y metro, que sin duda ha contribuido a cambiar de manera positiva la faz de Bogotá y el sentido de convivencia ciudadana. Es posible que con el Transmilenio, la Autopista Sur se convierta en una verdadera ruta al desarrollo.

Por el momento, para millones de bogotanos, la Autopista Sur simboliza la travesía al descanso y esparcimiento así como el eterno retorno al hogar, para los viajeros cotidianos es el traumático conducto entre sus trabajos mal remunerados y la cama donde dormir, para otros es el sonido del timbre de la fábrica. En mi caso, se trata de la correa transportadora del recuerdo, en donde aprendí a conocer a un escritor llamado Cortázar y sus relatos fantásticos.


       

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Creada el 20 de mayo de 1996 • Próxima edición: 19 de abril de 2004 • Circula el primer y tercer lunes de cada mes