Ante
la necesidad de contar con una adaptación de las obras de Calderón de la Barca para su representación por
parte de alumnos de enseñanza secundaria o universitaria, el profesor Miguel Ángel Ontanaya Pastrana —quien
dicta clases de lengua y literatura en un centro de Alcalá de Henares— preparó estas versiones de dos de
las más conocidas obras del dramaturgo español, que representan los dos primeros títulos de la colección
de Teatro Clásico de la editorial CCS.
Ontanaya sigue el ejemplo del teatro sajón, donde se editan adaptaciones que llevan el teatro e sus
autores clásicos a todo tipo de público, obteniendo un resultado bastante evidente: Shakespeare con su
escasa producción teatral es inmensamente más conocido que el creador de la fórmula teatral occidental,
nuestro Lope de Vega. El resultado primigenio ha sido esta pareja de obras adaptadas, que forma parte de un
proyecto mediante el cual se pretende acercar el teatro barroco a jóvenes estudiantes de enseñanza
secundaria y bachillerato, entorno en el que existe tendencia a representar únicamente pasos, entremeses y
obra corta de dichos autores.
Los textos propuestos por el docente español han sido sometidos a un trabajo intenso de adaptación
literaria. En el caso de La vida es sueño,
por ejemplo, se mantienen sólo 1.477 de los 3.319 versos de la obra original. "Para ello", razona
Ontanaya, "eliminamos fragmentos anecdóticos o noticiosos; juegos conceptuosos o de ingenio; diálogos o
descripciones reiterativas que pretenden sugestionar al espectador de los corrales un determinado efecto
(noche, tinieblas...), pudiendo ser evocados con efectos de luz o sonido; sustituimos palabras y términos
arcaicos como agora
(ahora), huelgo
(alegro), hacienda
(riqueza), desecha
(disimulo), seta
(tema), aleve
(rebelde), etc., sin romper el cómputo silábico o la rima".
Suprimiendo estos aspectos, Ontanaya produjo un texto inteligible y representable sin escamotear la riqueza
rítmica de la estrofa, la musicalidad del verso y, lo más esencial, los conflictos humanos universales:
amor, humor, soledad, alegría, muerte... Además, contrajo el tiempo de representación a 90 minutos, lo que
va en beneficio del espectador.
Cada obra posee una introducción que ayuda a conocer, comprender y llevar a su puesta en escena; así como
indicaciones para actores y director y acotaciones sobre el vestuario, complementos, maquillaje, peluquería,
luz y sonido.
La experiencia de Ontanaya con este tipo de montajes es más que satisfactoria: "El teatro del Siglo
de Oro no está tan alejado de los intereses de los alumnos como se cree a priori.
Los conflictos que tiene Segismundo con su padre o la lucha por la dignidad personal que mantiene Pedro Crespo
en El alcalde de Zalamea
están muy cercanos a los problemas y vivencias cotidianos de los adolescentes". Y agrega: "El
teatro barroco está vivo. No podemos acotarlo como terreno vedado a eruditos y a actores y compañías
profesionales".