Letralia, Tierra de Letras
Año VIII • Nº 107
19 de abril de 2004
Cagua, Venezuela

Depósito Legal:
pp199602AR26
ISSN: 1856-7983

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Letras
Silencio ruidoso
Ermanno Fiorucci

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Diez y seis años, ni bella ni fea, rubia, cara redonda, cuerpo todavía algo desgarbado e infantil. Pero... poseía aquel particular talento. A diferencia de cualquier otro, pensaba. Era única.

Sin quererlo de manera consciente, su mano trazó algunas frases sobre una hoja de papel: "Vivo en un mundo silencioso, en el cual nadie sabe entrar ni amar. No existen cerraduras, ni puertas, ni llaves, solamente una selva desierta en la cual puedo pasear y admirar los árboles, llorar y reír por cada nube, percibir el sabor de la hierba y tocar el murmullo del viento".

Patricia suspiró... Tomó la hoja de papel y la rompió lentamente, dejando que los pequeños trozos cayesen flotando del escritorio.

Mañana calurosa. Las palabras escritas y el siguiente gesto, cumplido inmediatamente después, eran típicos de Patricia.

Pero aquella mañana, después de diez y seis años de silencio... ¡La voz llegó..! Ella no la había escuchado todavía.

Al llegar se dirigió hacia el último pupitre para ocuparlo... el sempiterno pupitre de la última fila... abrió el cuaderno de tapa empastada, y se preparó para observar las sombras de las palabras del profesor.

—Los simbolistas franceses —comenzó el profesor luciendo su bondadosa sonrisa de plástico y porcelana— sabían descubrir una gran belleza en lugares y personas aparentemente contradictorias. Da fe de esto, por ejemplo "La carrogne" de Baudelaire...

Las palabras, carentes de todo significado, hacían ruido en los oídos de Patricia. Entre sus dedos el bolígrafo trazaba garabatos al azar sobre el cuaderno. "¡Vamos, arriba... concéntrate!", le sugería la mente. La muchacha, aburrida, dejó que su cerebro la empujase a través de la sofocante inmovilidad de la clase, para captar las corrientes de pensamientos que se cruzaban debajo de las palabras del profesor.

sería conveniente que la morena de la primera fila cerrase las piernas y se sentara de manera más recatada

Patricia retiró su sonda mental y apretó, de manera mecánica, las rodillas. Notó el ligero roce sedoso de las piernas enfundadas en las medias, y le pareció un trueno. Me estoy ruborizando, pensó contrariada, y, sin embargo, sabía que no era ella la muchacha criticada mentalmente por el profesor. Pero entonces... ¡aquella imagen en la cabeza de él..!

Diez y seis años, transcurridos escudriñando las mentes ajenas, cayeron con todo su peso en las espaldas de Patricia. "No me acostumbraré jamás a los sufrimientos que encuentro en sus mentes", pensaba. Con demasiada frecuencia me han obligado a regresar tras mi escudo. Diez y seis años de vida, y, desafortunadamente, Patricia no había jamás encontrado a persona alguna dotada del mismo talento que ella poseía. Todas estas personas y... tanta gente en el mundo que sólo habla a través de sus labios... y yo ¡sola entre la multitud..!

hola, patricia

La voz estaba en su cabeza. Patricia miró hacia arriba asustada.

en mi cabeza

Las caras de sus compañeros de clases se habían vuelto lívidas por el colectivo e idéntico aburrimiento.

no, patricia... no estoy en tu clase

Confundida, Patricia estaba sentada petrificada, el bolígrafo se escurrió de sus manos sin que ella lo notase.

contrólate... cálmate... así... contrólate

Patricia se concentró, se esforzó en pensar de manera coherente.

pero tú... tú no me estás hablando... tú estás aquí en mi mente

por supuesto... soy un telépata como tú

¡no!

—¡No!

El muchacho sentado a su lado la miró. El profesor titubeó un momento, luego siguió su clase.

no... no... no...

En la red de oscuros meandros de Patricia se oía el eco de manera convulsa. Deslumbrada por el choque del encuentro, se sentía invadida por el pánico. Alguien se estaba moviendo en campo abierto, más allá de su selva. ¡La estaba acechando!

alguien está tratando de llegar dentro de mí... no... salga, por favor... salga de mi mente

cálmate... patricia... vamos... tranquila... no te asustes, querida... no soy un invasor... sólo quiero comunicarme contigo... muy bien... muy bien... ahora ya está mejor

El pánico se estaba disipando, dejando el lugar a un caos de sensaciones confusas.

tengo ganas de llorar... de reír... de gritar... todo a la vez, ¿sabes?

El terror se fundía con una emoción desconocida, que poco a poco la invadía. Incrédula Patricia la reconoció: ¡era la esperanza!

discúlpame... pero todavía no sé controlar esta cosa... dios, qué angustia... mi soledad... temí ser la única...

lo sé

El pensamiento de Patricia era de arrepentimiento.

siento haber sentido miedo... no logro pensar... no logro concentrarme... ¿quién eres..? ¿cómo me encontraste?

despacio... ten calma... una cosa a la vez... entiendo que es impactante... hubiese debido ser más cauto... no hubiese debido agredirte de ese modo cuando capté aquel grito tuyo de soledad... pero no pude contenerme... eres la primera... ¿comprendes?

pero me alegro... sí... sí... ¡me alegro mucho!

La barrera de hielo, instalada desde tanto tiempo en la mente de Patricia, había comenzado a derretirse.

me llamo javier

La mente de Patricia exultó.

javier... javier... ¡es un nombre bellísimo!

El sonido del timbre llegó para interrumpirles. Siguió una confusión de movimientos, mientras los estudiantes recogían sus libros, cuadernos, lápices, y se amontonaban hacia la puerta de salida. Casi de inmediato Patricia se encontró de nuevo sola en el aula de clase.

así que la clase ya terminó

Javier captó su pensamiento.

¿entonces qué hacemos, Patricia... quieres que nos encontremos?

sí... ¡oh, dios..! ¡sí, sí, no más soledad, por favor!

La pausa se alargó de manera insoportable. Luego, Javier contestó a sus pensamientos en tono más sumiso.

por supuesto, patricia... espero que así será

¿donde puedo encontrarte?

en el parque... en la parte norte... estaré sentado bajo el samán... no te enfades si te espero aquí y dejo que seas tú la que deba caminar... pero el trayecto no es muy largo y la verdad es que quería que el encuentro tuviese lugar en un sitio bonito... y este es muy bonito

no me molesta... la mañana es maravillosa... además el trayecto no es largo en absoluto

Los alumnos del siguiente turno ya comenzaban a llenar el aula mientras Patricia cerraba el cuaderno y colocaba de nuevo el bolígrafo en la cartera. Ya varios estudiantes se habían sentado y un larguirucho pelirrojo estaba parado al comienzo de la fila de Patricia y esperaba tímidamente, posiblemente ocupaba el pupitre de Patricia y no sabía cómo afrontar aquel cambio inesperado de su rutina cotidiana. Con los libros bajo el brazo, Patricia se levantó y le dedicó una amable sonrisa al rojo larguirucho. Él devolvió la sonrisa y siempre tímidamente bajó la mirada. Patricia captó sus pensamientos.

graciosa esta muchacha, lástima que no está en mi curso

Patricia le sonrió de nuevo al pasar delante de él, y se dirigió a la puerta de salida. El tráfico de estudiantes había concluido. Patricia se abrió camino en medio de los últimos rezagados y de los otros estudiantes que se dirigían hacia todas partes.

patricia... ¿tú de dónde eres?

Era Javier.

nací en macuto... soy litoralense... era una ciudad muy linda antes del desastre... ¿tú también eres del litoral?

no... creo que tú me definirías como guaro, soy de la ciudad de los crepúsculos... la hermosa barquisimeto

sin embargo no pareces guaro

y tú no pareces una belleza costanera... al oírte... es... extraño cómo el acento desaparece de los pensamientos... y... las imágenes se presentan etéreas y difuminadas... es la representación borrosa de nuestro prototipo ideal... creo... es totalmente diferente... al ver... o al oír las palabras

¡claro..! pero para mí es mejor así

—¡Epa, Patricia... espérame, cosa linda!

Ella se paró y miró hacia atrás. Era Roberto, alto y fanfarrón con su franela a rayas y sus zapatos tenis, quien la miraba sonriente.

—Vamos —dijo Patricia complaciente y siguió caminando. Él se le puso al lado.

—Quiero hablar contigo.

—¿Sí?

—Quiero pedirte disculpas por lo de la otra noche. Fui un patán.

—Para serte sincera... sí.

Patricia no tenía ninguna gana de darle entrada a Roberto, pero le habían enseñado a comportarse educadamente y cumplía con ello.

javier... ¿te molesta?

en absoluto

—Sabes no soy tan grosero. Había bebido un poco. Quizás demasiado. Evidentemente estaba algo acelerado.

Patricia asintió.

—En fin, no era yo realmente.

Patricia miraba al suelo

—Lo que quería decirte —continuó Roberto— es exactamente eso... que me disculpes. Quiero hacer las paces. Mira, ¿qué te parece si vamos al cine el sábado y luego a tomar algo y echar un pie? —las palabras le salían a borbotones—. No será como la otra vez, cuenta con ello.

Patricia miró la cara seria de Roberto y luego, ex profeso, hurgó en la superficie de sus pensamientos.

por supuesto que no será como la otra vez... el sábado espero que esta sifrina necia afloje... de lo contrario llevará lo suyo... no voy a seguir botando mis centavos en cine y caña sólo por la chimba satisfacción de darnos unos besitos frente a la puerta de su casa

Patricia apretó los labios en una sonrisa. Roberto devolvió la sonrisa con expresión gentil y afectuosa.

—Anda a que te den por el culo —dijo Patricia siempre sonriendo. Y levantando la mano le propinó un par de bofetadas con todas sus fuerzas. Luego se alejó dejándolo todo atontado, con expresión estupefacta e... idiota.

Comprensión y risa amable dominaban en los pensamientos de Javier.

bien hecho, linda... quizás te faltó darle un rodillazo por donde tú sabes para que aprendiera... de verdad que se lo merecía

¡bah!, no es peor que los otros después de todo.... miel en los labios mientras sus pensamientos gritan odio

no siempre es así... la gente tiene de vez en cuando buenos pensamientos... a veces olvidan su egoísmo y dejan de mentir

como tú

El pensamiento de él llegó como flotando sobre una ola de buen humor.

no soy un candidato a la beatificación... sin embargo me esfuerzo por tratar a la gente como quisiera que me tratasen... quizás sea una filosofía primaria, pero no está mal como deseo... ¿por qué no desear..?, lo que pasa es que cuando deseo no estoy jamás en paz conmigo mismo

El pensamiento de Javier retumbaba como una letanía en la mente de Patricia. Ella estaba todavía degustándolo cuando le llegó el siguiente.

nunca he estado realmente en paz... ni conmigo mismo ni con ningún otro... recuerdo que odiaba a todos porque eran lo que eran... porque no tenían las condiciones para comunicarse conmigo y... me detestaba porque los odiaba

¿y ahora?

no lo sé

Algo tembló frente a la cara de Patricia. Ella abrió los ojos y la vio. Una mariposa amarilla, con las alas luminosas y era tan hermosa y tan frágil.

javier, siento como si siempre hubiese estado ciega y de pronto... haber recuperado la visión

Patricia se paró en la acera, giró sobre si misma, y abrazó con la mirada los verdes y hermosos jardines, el césped, las flores rojas, la hiedra que se adhería obstinadamente a las paredes y más allá el blanco horizonte de Caracas.

ahora es todo diferente, javier... ya nada es como antes

Giraba sobre sí misma, estática y sedienta, abrevándose con el panorama, con los sonidos, con los olores y con todas las sensaciones en su exterior, que en el pasado casi no advertía. Le llegó, suave y confidente, el pensamiento de Javier.

lindo, ¿verdad?

Patricia veía la belleza del mundo y sentía su visión fundirse con la mente de Javier en una infinidad de detalles. Recibía el entusiasmo de él, lo agigantaba, e imaginaba ser un velero cargado de amor por la vida, de sensibilidad y de la dulzura de Javier.

tranquila, linda... ten cuidado... no creo que hayas realmente contemplado al mundo... sólo te estás emborrachando de realidad

eres hermoso

sigo repitiéndote que sólo soy un individuo sencillo... con una filosofía de vida muy simplificada que, sin embargo, sirve para hacerme relativamente feliz

entonces quiero que sea así también para mí

a veces es fácil... no tienes que hacer otra cosa que abrirte al mundo... eso es todo

Ella advirtió algo tajante... categórico, pero no le prestó atención

¿sabes? creo que te amo

cálmate patricia... ni siquiera me has visto

sí... nos hemos visto de la manera más importante... la etérea... ¿crees que nuestros hijos heredarán nuestro talento?

la verdad es que todavía no había pensado en eso

yo sí... en el preciso momento en que me di cuenta de que la soledad comenzaba a diluirse

patricia

¿sí?

nada... nada

ya casi llego

Frente a ella se abría la hermosa extensión del parque en donde Javier la estaba esperando.

Patricia llego al samán y se paró. Miró a su alrededor. La tarde era aún joven y por los alrededores había muy poca gente... algunos estudiantes, unas tres o cuatro personas trotando y más allá algunas sombras completando el decorado. Un muchacho negro estaba sentado en un banco, a su izquierda, detrás de una montaña de libros de texto algo deteriorados, vio a otro joven sentado en otro banco... y con el hombro apoyado al samán, con actitud desenfadada, un joven de figura atlética la miraba fijamente a través de un par de lentes oscuros.

—¿Javier? —se atrevió a llamar indecisa.

javier

patricia, por aquí

—Patricia.

La voz provenía de su izquierda. Patricia volteó.

—Hola, Patricia.

Su voz poseía un tono bajo y agradable. Por un instante increíblemente largo, Patricia miró fijamente los abultados labios de los cuales habían salido las palabras, los grandes ojos negros, la ancha nariz el pelo ensortijado y la piel muy oscura. Él abrió sus manos mostrando las palmas color sepia.

¿importa?

no... no... por... supuesto... que no...

Pero sí importaba.


       

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Creada el 20 de mayo de 1996 • Próxima edición: 3 de mayo de 2004 • Circula el primer y tercer lunes de cada mes