Ligas mayores
Pobres de los demás no están aquí
en este lecho adoquinado de deseos
en complicidad con la noche
con los muros
nos regala el ansiado presente
de estar solos
En este espacio sereno
tú y yo
despojados de prejuicios y de ropa
olvidando pasados nebulosos
futuros inciertos.
Sólo nuestra piel
manos exploradoras, ilimitadas,
encontrando cada milímetro,
cada recoveco
mujer plena navegando a la deriva
inventando formas para
hacerme morir.
Finales explosivos
interludios de ternura
principios repetidos
labios, uñas, dedos, brazos, lenguas,
empeñados en un rito interminable,
Pobres de los demás
bateando en ligas menores,
no pueden entender,
no tienen idea.
El árbol
Hay un árbol en el parque de mi pueblo
jamás has visto algo similar
no tiene nombre este cuerpo vegetal
le apodan el árbol de la muerte.
Sus ramas son lóbregas
unas cuantas hojas secas
no hacen en él los pájaros su nido
nadie reclama en su sombra reposar.
Cuentan que en él se ahorcó un hombre
se quitó la vida, se llevó también la del árbol,
gallardo cadáver
obstinado en morir de pie.
Los niños nunca se aproximan
encarnan la vida,
el árbol la muerte.
condenado a cadena perpetua
lo miro desde lejos
le grito: ¡todo reverdece!
sé paciente, sigue esperando
aún en la más triste de las ramas
pueden los pájaros cantar
el concierto de la vida.
Es cuestión de elegir
La muerte está aguardando
¿empezamos a morir?
La vida está esperando
¿comenzamos a vivir?
Es cuestión de elegir
La bailarina
Estática, estética
apresada en la vitrina
veinte años en la misma posición
pose de bailarina, vino de Madrid
no tiene nombre
simplemente danzarina de Lladró
sonrisa congelada,
mueca de artista experta
sutil, etérea, mística
puede romperse con una caricia
con una simple mirada
mi bailarina, alma de porcelana
frágil como sueño de mujer.
Así la imaginé
durante cuatro veces diez años
altanera
silueta de mármol
dúctil como arcilla entre las manos,
sabias de un alfarero
Vertical
eje de la luna
insólita, perfecta
rosa deshecha por la tarde
Transparente
como cubo de hielo,
de un whisky en las rocas
Insolente
como los amaneceres del Caribe
Así la imaginé, o la inventé
el hecho es que hoy la vi,
parada, empapada, esperando el autobús.
No me atreví a hablarle.